jueves, 29 de enero de 2009

Si bien esta es una crónica que está un poco atrasada en el tiempo, creo que tanta demora tiene una explicación lógica y es que me ha costado meses de terapia superar esta dura experiencia………..ja , ja.
¿Cómo definir está experiencia?.
Serían varias las frases que vienen a mi mente: “no encuentro palabras”, “una locura”, “un espectador en el medio de una carrera“ “¿porqué no me quedé en casa?”,” pensé que era fácil pero no “, “sobredosis de bananas”, “destacarme por figurar segundo en la tabla”, claro si empiezo de atrás para adelante, ” luchando con el universo”, “caminando al lado de un auto por tres horas”, “para que vine hasta acá”, “solo a mí se me puede ocurrir esto””hasta aquí llegué”,” Pinocho el maratonista”, “mi orgullo por el piso”, “el llanero solitario” “cuando solo quedo yo”, ”crónica de un loco“, “hígado de fierro” . En fin, luego de leer mi crónica pónganle el nombre que más les guste porque a mi me cuesta mucho definirla.
A mediados del 2008 hice mi primera media Maratón (Maratón de Montevideo) con un tiempo de 1 hora 52 minutos y como no había terminado muy cansado me animé en setiembre a hacer mi primera MARATÓN (Punta del Este) que es de lo que se trata esta crónica. Un día, vi una foto de un tal Jorge Xavier en la cartelera del Gimnasio Sayago, quien según decía en la foto había realizado una Maratón (creo que era en Rosario), así que pensé ilusamente: “si él puede yo también, además yo vengo de hacer una media Maratón”. Parecía que todo lo podía, comencé a entrenar “duro”, algo así como treinta kilómetros por semana, durante unas tres semanas. Como mi cuerpo no estaba preparado para tanto entrenamiento me esguincé en la planta del pie izquierdo a falta de diez días para la Maratón , por lo que tuve que guardar reposo y no pude entrenar nada en esos días previos.
Así que en esas condiciones arrancamos con Claudia (mi señora) el sábado previo a la competencia a Punta del Este. Cuando llegamos nos esperaban con una cena para agasajarnos; cuando entramos al salón estaba todo muy bien decorado, con mozos y mecheros con pastas de diferentes formas y colores aunque sabían todas iguales. Aquello ya me estaba haciendo levantar viento en la camiseta, tanto mimo me hacía sentir como integrante de alguna selección en el marco de alguna olimpíada.
Luego de la cena, el viento de la camiseta se me empezó a escapar por algún agujero cuando tuvimos que salir a buscar algún lugar barato donde pasar la noche. Todo servía, sólo debía tener una puerta y una cama así que pasamos la noche en un hotel barato de Maldonado. Nos acostamos a la 1.00 am, yo había puesto mi despertador a las 6, pero como ya sabrán me desperté a las 300 am nervioso como si fuera un niño la noche previa a reyes. Me daba vueltas en la cama preguntándome “¿qué hago acostado?, no tiene sentido si igual no puedo dormir, mejor me levanto y voy haciendo algo”, no había mucho para hacer dado que la habitación era de 3X3 y afuera todo Maldonado dormía. Así que a las 4 estaba levantado pronto para salir a correr, aunque faltaban como 5 horas para largar. A eso de las 6 am el cuarto ya me estaba resultando chico, así que decidí despertar a mi compañera, aunque creo que ya se había despertado a las 4 am con el ruido de mis aprontes y se hacía la dormida para poder tener una noche más o menos normal ¡pobre Claudia!. Así que a las 6 nos levantamos y salimos para el Campus de Maldonado, y ¿adivinen qué? ……cuando llegamos no había nadie afuera, éramos los únicos, a la hora llegó un camión con personal de la organización, y como no había mucho para hacer tomamos mate juntos en el auto dado que estaba todo cerrado y afuera lloviznaba. Ahí le comenté a Claudia: “¿estábamos mejor en la pieza del Hotelucho no?” ella me miró sin emitir sonido alguno con esa cara mezcla de sueño inexpresión y desconcierto, como diciendo…¿me estás tomando el pelo no?
Más tarde empezaron a caer los demás competidores, ahora sí todo estaba listo, previo a largar me tomé un diclofenac , pues el esguince me molestaba un poco, tal vez de manera real en un 10 % y en un 120 % de manera psicológica. Los cosquilleos en el estómago empezaban a jugar su partido y yo me sentía como aquella primera vez cuando……….......(libre a la imaginación de cada uno).

POR FIN se largo la carrerita bajo una llovizna finita que nos avisaba que no estábamos solos en el mundo con nuestra imponente humanidad, también había una naturaleza que no sabía de hombres, ni costos de inscripción, ni kilómetros a recorrer, ni nada. Así que arrancamos raudos con pie firme por las calles de Maldonado. En los días previos había elaborado un plan de trabajo para poder terminar la Maratón, el cual consistía en hacer los primeros 30 kilómetros a un ritmo de una hora para cada tramo de 10 kilómetros. Yo pensaba que si me faltaban fuerzas para llegar, a partir del 30 bastaba con caminar y podría completar la Maratón, pues el tiempo máximo que me daban era de seis horas. ¿ Adivinen qué?...para variar nada salió según ese elaboradísimo y complejo plan. Al pasar por Maldonado y ver a la gente aplaudiendo, empecé a sentirme de hierro y completé mis primeros 10 km en 48 minutos que es el tiempo que ponía normalmente en una carrera de 10km, así que como verán no pude con mi condición y dejé de lado mi plan. A los 13 km, cuando ya había pasado más de una hora que corría bajo una llovizna fina, me di cuenta que mi calza estaba mojada (“un poco tarde no?”), pues sentía un conflicto entre mis músculos calientes y esa lluvia fría que golpeaba mis piernas y quedaba alojada en mi calza. Mientras corría comencé a sentir voces a mi espalda y me pregunté: “y estos….¿ de dónde salieron?” venían charlando alrededor de un corredor que llevaba una mochila con una bandera que decía 3:45’, todo eso era nuevo para mí, pensé: “¿y esto qué es?,….. debe ser alguno que viene para controlar algo…..¿pero esa bandera para qué?”. Sin dudas ese corredor por algún motivo era importante, pero ¿cuál sería su función?
En eso me crucé con mi compañero Jorge Xavier, pasando el puente de la Barra quien me pasó en el km 18 o 19. Me preguntó como venía y le dije que mal, pues me empezaba a doler el esguince, ahí me mandé el segundo diclofenac . Seguí trotando mal trecho y otra vez las voces a mi espalda, y otro muchacho con mochila y bandera, solo que ahora la bandera decía 4 horas, entonces una luz se prendió en mi sinapsis, miré mi reloj y pensé “ah claro si sigo a estos voy a llegar en cuatro horas”, ahí tomé fuerzas y les seguí el paso por 300 metros, como no podía dije “bueno que sigan solos igual hago mi carrera, no vengo a competir con nadie”. Como verán hay tiempo hasta para mentirse a uno mismo. Más adelante siento otras voces, ya sinceramente me empezaban a molestar un poco y a esa bandera de 4:15’ ya le empezaba a mirar con bronca, parecía que había tomado vida y me hablaba diciéndome algo así como: “dale no ves que vas muy lento” y yo pensaba “que sigan no más no los voy a seguir” (entre nosotros creo que es claro que igual no podía). Al rato otra banderita que decía 4:30’, pensé: “ estos me están tomando el pelo” si me querían hacer sentir mal la verdad lo estaban logrando.
Allá por el km 24 a la altura de los DEDOS me esperaba Claudia, llegué ahí con 2 horas 20 minutos aproximadamente, rengueando del pie izquierdo. Fue ahí donde me cambié los championes, pues según le comenté a ella eran los causantes de mi dolor (les confieso que con esos seguí corriendo y actualmente son los que uso), pero bue ya saben como funciona eso de las excusas en nuestra psiquis, siempre tiene que haber algo afuera nuestro y no en nuestra limitada humanidad, menos mal porque sino no haríamos las locuras que hacemos. Cambié de calzado pero a esos los sentía peor, igual seguí trotando hasta el km25 o 26 llegando al puerto de Punta del Este, recién ahí me hidraté bien y comí una banana, pues en todo eso tiempo solo había tomado un buche de agua en el Km 21. A la altura de la mansa, Km 27 aprox. comencé con calambres en mi pierna izquierda, allí tomé mi tercer diclofenac de 100mg y dos bananas más con un Gatorade, pero como tenía sed me tomé medio litro de agua. Yo sabía que lo aconsejable era no tomar más de un diclofenac de 100 por día, pero mi miedo era tan grande por no llegar, que fui transformando mi estómago en un depósito de potasio y calmantes. A todo esto mi pobre compañera Claudia iba a mi lado en el auto, con el vidrio bajo alcanzándome bananas, ticholos y liquido al punto que por el kilómetro 30 aprox se me acabaron las reservas. Mis piernas seguían acalambradas y yo me empezaba a poner cada vez más nervioso. Por mi mente ya ni siquiera pasaba esa frase conocida que nos pasa a todos por la cabeza “¿qué hago acá?” sino que la frase era: “no tengo que estar acá”.
Allá por el 30 había un camión del ejército con unos 6 o 7 soldados que estaban cooperando con la organización, seguramente me vieron muy mal que me preguntaron: “¿precisa algo?” y yo dije: si, ¿tienen alguna banana? Uno me respondió:” espere que ya le traigo” y me dio tres bananas más, las cuales obviamente me las comí y seguí caminando y trotando muy, muy, muy despacio. Allí Claudia que seguía a mi lado en el auto me preguntó: ¿cuántas bananas comiste? a lo cual respondí: “con estas tres ya van doce”, y le dije: “también me debo haber comido unos quince ticholos, pero los calambres no se me van”. Ya se lo que estarán pensando, que es una locura, que estaría desesperado , y sí tienen razón, pero bueno mi objetivo era llegar. Por supuesto seguí tomando líquidos varios, ya a esa altura me había tomado más de dos litros entre agua y Gatorade.
Allá por el km 32 los calambres me estaban matando y prácticamente caminaba y por mi cabeza ya empezaba a trabajarme la idea de abandonar, me pasaba gente que iba también caminando, pero todos me dejaban atrás pues iban más rápido que yo. Me sentí muy bien cuando un veterano que iba caminando me dijo: “vamos juntos que a este ritmo caminando llegamos antes de las seis horas y no quedamos afuera”, seguí con él unos metros pero cuando el desgraciado comenzó a trotar a la velocidad más lenta que uno puede trotar (siete u ocho minutos por kilómetro) me dejó atrás como si fuera arriba de un avión. En el 34 mis piernas se me endurecieron por completo y ahí me quedé parado sin poder dar un paso, me senté en la vereda y un hombre que paseaba a un perro se detuvo y me ayudó a estirar por unos 10 o 15 minutos. Continué caminando con un estilo que lo definiría como PINOCHO, puesto que mis piernas las movía prácticamente sin flexión con un leve bamboleo hacia adelante y a los costados. Mi señora que iba en el auto me alentaba a seguir, la pobre con el auto parecía un sacerdote en un confesionario, yo le decía “voy a dejar por acá, no puedo ni caminar” y la pobre me decía: “dale que ya te falta poco” con una cara mezcla de susto y lástima por mi penosa imagen. Hasta me prendía la radio del auto para distraerme un poco y dejara de lado mis nanas. Mientras tanto, yo contaba cada cuadra sumando una conquista, cada 100 metros recorridos me sentía que hacía 1000. Allá por el Km 36 en el último puesto de hidratación en seguida de dejar la rambla, me alegré pues divisé la clásica mesita con los dos muchachos ahí parados, era el último puesto de hidratación. Cuando llego veo aquello muy quieto y les pregunté: “¿te queda algo de agua?, pensando por supuesto que iba a extenderme esa mano generosa con la típica botellita de medio, pero no fue así, en lugar de eso me miró y apretando los labios y moviendo su cabeza hacia los costados me dio a entender que no. Por supuesto ahí mis pensamientos se despacharon sin lástima sobre la organización y pensé: “debo estar tan mal que ya nadie está esperando a ningún corredor”. Luego, para redondear mi humillación y darle un buen revés a mi orgullo me pasaron unos cuantos de esos que siempre los veo al final de la fila, y ya por el 37 las únicas personas que veía era algún vecino. Yo ya había dejado de trotar y solo caminaba al lado del auto, mirando mi reloj y sacando cuentas a ver si podía llegar antes de las seis horas y no quedar fuera. Estaba tan cansado que tenía unas ganas de sentarme en el auto y seguir al menos 1 Km en él, igual quien se iba a enterar si nadie controlaba, yo creo que ya pensarían que ya no quedaban corredores. Ese auto a mi lado con un ser amado dentro era una tentación, es como estar en el medio del desierto y que te pongan una piscina delante de los ojos, pero no sé si por rectitud o por orgullo no me subí ni 10 segundos.
Más adelante divisé un edifico de ladrillos y pensé” bieeeen llegué, es el Campus”, casi me pongo a llorar ahí mismo cuando me percaté que era otro edificio. Seguí caminando y vi detrás a una mujer que venía a unos 200 metros atrás mío, ahí apuré mi paso, por supuesto al estilo PINOCHO. Un poco más adelante vi el Campus y a falta de 50 metros decidí “picar” ja ja, por supuesto que mi pique era un trote torpe y muy muy lento que era mucho más lento que caminar rápido, lo mío era más coreografía que otra cosa. Claro quería pasar ese arco como un verdadero campeón y así lo hice agachando mi cabeza para concentrarme más y no distraerme con los aplausos que ya comenzaba a sentir del público. Pero ¿adivinen qué?………cuando por un segundo levanto mi cabeza observo un montón de gente aplaudiendo pero de espaldas al arco de llegada y de frente a un podio donde estaban premiando a los ganadores. Así que pasé sin pena ni gloria por aquel arco con la indiferencia de todo ese público que ni se dio cuenta de mi llegada. Aquello resultaba otra cachetada a mi orgullo, pero cuando llegué lo primero que hice fue esperar a esa competidora que venía atrás mío para darle mi apoyo, la cual terminó siendo la última de la clasificación general.
Culminé mi primera Maratón en 5 horas y media con una sobredosis de diclofenac y de potasio, con casi tres litros de líquidos extra en mi cuerpo, cruzando esa meta como con seis kilos de más.
El otro día con mi familia hicimos el mismo recorrido de la Maratón pero en auto. Sinceramente me sentí muy raro con una sensación mezcla de orgullo y asombro, seguramente si hubiese hecho ese recorrido en auto antes de hacerlo corriendo tal vez no me hubiese anotado nunca. Las locuras que hacemos son las que nos llevan a trascender nuestras propias barreras y nos hacen vivir la vida sintiéndonos vivos a cada paso y a cada bocanada de aire. Está experiencia ha sido uno de mis mejores logros a nivel deportivo, me enfrenté a la frustración, al enojo, a la impotencia y logré completar esos 42200 metros, siendo casi el último, y saben ¿qué? no siento vergüenza por ello y lo digo con muchísimo orgullo, luche con este cuerpo y juntos llegamos a destino a puro tesón.
Aunque les parezca mentira hoy por hoy charlo con mis compañeros y entro a Internet para ver en que otra Maratón me puedo anotar. Me costó mucho llegar pero lo haría 100 veces más, aunque creo que comería menos bananas y ticholos durante la carrera ja, ja.

miércoles, 28 de enero de 2009

Un descenso un tanto pronunciado

Este descenso lo hicimos en las 100k. Por si alguien tiene ganas de hacerlo tanto en bici como caminando el lugar está ubicado sobre la ruta interbalnearia a la altura del kilómetro 93, yendo hacia Punta del Este sobre la derecha, allí hay un puente, en donde está el terraplen en cuestión. En las fotos, sacadas en la 100k se muestra como bajamos por ese terraplén y pasamos por debajo de ese puente atravesando la ruta por abajo. Los invito a que suban o bajen el terraplén de la manera que puedan o quieran, pues allí no hay receta ni técnica para bajar o subir, cada uno lo hace como puede.
Primera foto Jorge Xavier y Raimundo González
Segunda Foto Pablo Lapaz
Tercera foto Victor Trillas
Cuarta Foto Raul Caetano


Fotos: Biciclub Uruguay

lunes, 26 de enero de 2009

"Los championcitos me pesan y las medias me dan calor....."

Todo debió comenzar a las 6.00 am levantándome tranquilamente y preparándo todo como de costumbre para una nueva aventura, pero no fue así, esta vez la mañana comenzaba diferente cuando sonaba mi despertador y por primera vez desde que corro lo apagué, pues pensé "¿por qué sonó esto si hoy no tengo nada que hacer?" y seguí durmiendo plácidamente. Una hora más tarde me despierto sobresaltado y pienso: “pa’ la Misión”. Y salimos con toda la familia raudos rumbo a la Barra.
Llegamos poco más de las 9.30, con la lengua afuera, y los niños que no entendían nada. Después de cruzar el puente de la barra como tres veces hacia un lado y el otro llegamos a la largada.
Arrancaron las primeras categorías, en donde largó nuestro compañero de Sayago Running Diego Araujo, quien tuvo una DESTACADÍSIMA actuación culminando con un tiempo de 2 horas 26 minutos quedando octavo, una verdadera revelación de nuestro humilde y modesto compañero. FELICITACIONES DIEGO !!!!.
Un poco pasada las 11 largamos con mi compañero Victor Trillas, corriendo raudos hasta los kayacs, que estaban a unos trescientos metros de la salida. Nos subimos al kayac y comenzamos a remar con fuerza, a veces era tanta la adrenalina al remar que mi pobre compañero se ligó unos 10 o 20 golpes por el lomo y la cabeza con mi remo, ¡aquello parecía que era un potro que marchaba a puro rebenque!, mientras le decía "vamo compañero... vamo que falta poco". Íbamos bastante bien, entre los diez primeros, a unos 20 metros de Pablo y Raul quienes avanzaban a paso firme. Al llegar a la mitad del recorrido cuando había que dar la vuelta en una boya, nos quedamos por el camino, de lo cual asumo toda responsabilidad. Debíamos doblar a la izquierda y yo intenté abrirme un poco a la derecha para mantener la posición y cerrarle el paso a las demás parejas que nos venían comiendo los talones, pero me pasé de fuerza y quedamos varados por un minuto en dónde los demás nos pasaron expresos. Allá al final de la fila remamos duro para recuperar posiciones. Enseguida otra complicación, el sudor mezclado con el protector solar comenzó a correr por mi cara hasta metérseme en los ojos, y me ardía hasta el apellido; para sacármelo me secaba con ese vital elemento para remar (los brazos), lo cual hizo que no pudiera remar cómodo, por suerte mi compañero que iba sentado delante me miraba con su nuca sin percatarse de mi caótica situación.Yo pensaba "¿pa qué me habré puesto protector con este día nublado?; por supuesto mi compañero de todo este periplo ni se enteraba mientras miraba firme al horizonte. A falta de 100 metros para culminar con nuestra accidentada travesía quedamos encallados en un banco de arena, me bajé y tiré con el kayac y mi compañero sacando fuerza con mi bronca y decepción. Al final llegamos a la costa y comenzamos a correr por la arena unos 1500 metros hasta que el camino de arena se transformó en una pasada de 100 metros por un canal en dónde no se hacía pie. Cuando vi la situación que teníamos delante pensé “ bueno no es tanto…. vamo arriba che”. Empecé a nadar, por supuesto de championes y medias con mi cuerpo de manera casi vertical, "aquellos championes pesaban como dos valijas llenas de plomo...", para colmo de males mi chaleco salvavidas se había transformado en una trampa mortal, el desgraciado estaba roto y se me enroscó en el pescuezo y el brazo izquierdo, lo cual no me permitía nadar ni crol ni espalda, lo único que podía hacer era acostarme y patalear. Cuando llegamos a la orilla se vino otra corridita por la arena de unos quinientos metros y adivinen qué?…….el camino de arena se terminó y lo único que teníamos delante eran unos 300 o 400 metros de AGUUUAAAA linda y fresquita para nadar un rato, pues no se podía hacer pie. Nos tiramos con mi compañero muy enérgicamente y a los 50 metros ya no queríamos nada. Como el único estilo que podía nadar era panza para arriba no veía la otra orilla por lo cual me fui desviando un poquito al punto que por un momento estaba nadando en paralelo a la costa, ahí pensé: "voy a orientarme por el sol", seguí pataleando y mi cuerpo parecía que tenía un imán para nadar en paralelo a la costa y no hacia ella. Como esa técnica no resultó me orienté por unos árboles que tenía a mis pies, miré esos árboles como a dios y empecé a darle duro sin perderlos de vista, ahí la cosa mejoró un poco, pero yo me sentía cansado y como un náufrago en el medio del Atlántico.
Finalmente llegué a la orilla donde me esperaba mi compañero abatido y cansado tanto como yo pero aún la historia nos se terminaba... Comenzamos a correr por la arenita unos 500 metros cuando……para variar se terminaba la arena y comenzaba otra vez una nueva agüita para comquistar, nos separaban unos 70 metros de la última orilla, ahí pensé: “ no es tanto vamo arriba”.Como pueden ver mi actitud era positiva pero el universo se empeñaba en darle chicote a estos dos cuerpos.
A la primera zancada que dimos en el agua sentimos el barro pesado que nos tiraba para abajo, a los 4 metros nos enterrábamos hasta la cintura, y eso parecía arena movediza, lo cual hizo insoportable caminar, tanto como nadar dada la poca profundidad del agua. Entonces fue ahí donde inventamos un estilo nuevo de nado "EL BAGRE", y en cuatro patas y rasqueteando con manos y pies en el barro avanzamos muy muy lento pero relativamente seguros, aguantando el olor que salía de esa agua que no era muy distinta a la fragancia que nos regala todos los días nuestro querido Miguelete.
A falta de unos metros para llegar había una fila de banderas que marcaban el camino por la arena y un fotógrafo al costado que se reía a carcajadas de nuestra situación, ahí le comenté a mi compañero: “seguramente el desgraciado inventó este circuito” y del fondo de mi compañero salió una bocanada de palabras irrepetibles propinadas hacia el jocoso fotógrafo.

"Por fin en tierra firme... ya me estaba empezando a sentir un sapo entre tanta agua y barro!". Rápidamente tomamos nuestras bicis y comenzamos a rodar muy enérgicos, hasta que a los 4 kilómetros de haber salido, a mi bicicleta, esa compañera de ruta que nunca me falla, se le trancó la cadena. Ahí pegué un grito:” Victor….. me quede” , allá pegó la vuelta mi compañero y luchamos unos 15 minutos para destrabar a la muy desgraciada, logrando ponernos nuevamente en carrera. Después de tanta peripecia todo transcurrió con normalidad y completamos el recorrido sin mayores inconvenientes.
Y se vino el tramo final ...nos bajamos de las dos ruedas y a correr! Victor estaba muy bien y le restaban fuerzas para rendir aún más, yo estaba cansado y me tuvo que hacer el aguante. Corrimos unos 1500 metros desde la zona de bicis hasta el arco, allí estaba Diego Araujo quien nos dijo que sólo nos restaban 3 km para terminar 1500 de ida y 1500 más de vuelta. Seguimos con Victor trotando suave, reconozco que me hubiese gustado mucho poder seguirle el tren pero me faltaban fuerzas y di lo que pude con este cuerpo que amagaba con acalambrarse.
Finalmente cruzamos el arco de llegada a las tres horas, allí estaban nuestros compañeros Diego, y los risueños Pablo y Raul saboreando el futuro asadito prometido.
Si bien fue una historia que empezó complicada y trasncurrió igual, siempre en el tintero quedan esos gratos momentos que nos regala el deporte, en donde están los amigos, los paisajes, la familia, y lo que es mejor el luchar y lograr superar nuestras propias limitaciones, aunque todo eso cueste cumplir con un asadito empeñado.


Gracias compañero Victor Trillas por el esfuerzo y las horas compartidas!!!!

"Esos locos que alientan"


Mientras uno se despacha con el rigor y el placer del deporte hay otros seres que nos acompañan y nos alientan con ímpetu. Aunque lleguemos últimos ellos siempre están de manera incondicional apoyándonos como si fuéramos triunfadores. Con sol, hambre o sueño están siempre al firme y nosotros deleitándonos con sus miradas y sus mimos cuando cruzamos la línea de llegada. El deporte por suerte regala muchas cosas más que una simple competencia, o un entrenamiento en solitario, regala una forma de vida para disfrutar en familia.

lunes, 12 de enero de 2009

Crónica de los 60 km de la Pataia

Como siempre todo comenzó unas cuantas horas antes de la carrera, levantándome a las seis para poder aprontar las cosas para salir.
Salimos con nuestro compañero Rai a las 7 am de Montevideo. Al llegar, a eso de las 9.00hs me llama mi cuñado Raul y me dice que él y Pablo se habían dormido y que estaban saliendo, así que les retiré los números para ir ganando tiempo.A falta de diez minutos para salir llegaron nerviosos tratando de conseguirse algo de agua para llevar, pues se habían olvidado de este vital elemento.
Allá, bien al fondo de la fila, donde están los familiares, ahí largamos Pablo Raul y yo, arrancamos muy despacio, inclusive me baje varias veces para acomodar mi asiento. A los pocos kilómetros nuestro amigo Raul se manda adelante perdiéndose en el horizonte que parecía tragárselo. Con Pablo decidimos ir bien tranqui, pues mis piernas venían acusándome cansancio de la semana en donde pasé dos días que me costaba hasta caminar. De a poco nos fuimos metiendo en carrera, dándonos tiempo para charlar, bromear y reflexionar sobre diferentes temas de la vida cotidiana, cosa que hizo dejar de lado mis nanas.
A los cinco kilómetros vimos a uno de los empleados de GT Motociclo tirado en el suelo con una caída que no se veía para nada bien, nos detuvimos un instante y observamos que el hombre se quería levantar, pero otros compañeros no lo dejaban mover, manteniéndole la cabeza derecha y el resto del cuerpo inmovilizado, en espera de la asistencia médica. Esa actitud de los compañeros es la correcta y la que se debe tener ante cualquier accidente, mucha calma y no permitir que la persona se mueva hasta que lleguen los médicos.
Bueno, después de esto seguimos con Pablo y me comenta: "¡que linda brisa ...!" y yo pensé: "lo que ahora es una brisa a la vuelta va a ser una bolsa de plomo". Entre el km 15 y el 20 tomamos un tramo de la ruta 12 donde empezamos a pasar a algunos bikers, pero de nuestros tres amigos Raul y los Sayago nada. Por allá en un puesto de hidratación que estaba por el km 25, a la entrada de un monte, observo a Rai y JX tomando agua plácidamente, ahí grité como para mojarle la oreja a mis compañeros.... "dale Rai que te estoy pellizcando la cola" y la respuesta no se hizo esperar, Rai y Jorge con una agilidad de monos chimpasé se suben raudamente a sus bicis y retoman el ritmo de carrera.
En seguida paramos a hidratarnos y comer unas jugosas naranjas, llevándonos bananas para el camino.
Cuando nos adentramos en un campo encontré una linda caramaniola, la cual decidí dejar en custodia hasta en tanto no aparezca su dueño, ahí le comenté a Pablo "Dios no quiere cosas chanchas, seguramente esta la pierda en alguna carrera, pes ya van dos que me encuentro y las he perdido a todas" la única que me queda es la que me compré, así que algo de cierto debe de haber en eso.
Con Pablo decidimos seguir a un ritmo tranqui y rematar, si es que nos sentíamos bien a partir del km 45, y así lo hicimos.
Allá en el km 41 (último puesto de hidratación) nos cruzamos con nuestros bikers Sayago (Rai y JX) rodamos cinco kilómetros juntos, en donde tuve que aguantar a mi compañerito JX, que ya había tomado viento en la camiseta haciéndome bromas con su buen desempeño. Pero como decía mi abuela "nunca se puede escupir para arriba", de apoco nos fuimos separando con Pablo, que se me fue, y yo atrás de él seguido por Rai y JX.
Allá por el km 50, se concretó lo que había dicho al comienzo, aquella suave brisa ahora parecía pared que me frenaba. Ya ahí me empecé a sentir cansado y cuando pasé por al lado de un muchacho de la organización que me marcaba el camino le pregunté: "¿cuanto falta?" y la respuesta fue "tres km", por supuesto que pensé "mhh....si este me dijo tres deben faltar seis", de hecho al final yo tenía razón.
En el km 53, que era lo que estaba estipulado como el final del recorrido, veo a otro muchacho de la organización y le pregunto "¿voy bien?", pues pensé que estaba perdido y me contestó: "ya estás adentro de la estancia". Empecé a rodar con más ganas y los metros se transformaban poco a poco en leguas, recuerdo haber pensado ...."si es que estoy adentro de la estancia ¿porqué no se compraron una estancia más chica? esto no termina más ¿para qué tanto campo?" estaba tan deseoso de llegar que hasta antilatifundista me quería volver.
Finalmente divisé a falta de 1 km el casco de la estancia y me propuse pasar a una pareja que iba delante mío, de hecho así lo hice a falta de 300 metros para cruzar el arco ganando velocidad afirmándome con todo en mi bicicleta. Aquello era más corazón que técnica, pero lo logré animado por el aplauso del público que no sé si les causaba pena mi esfuerzo o realmente lo valoraban, lo cierto es que estaba bueno tal recibimiento.
En el resumen de la carrera me quedan muchas cosas positivas. Por un lado, en lo personal contento por haber rodado todo el tiempo al lado de Pablo Caurla y disfrutar de una buena charla con un amigo, así como también por haber pasado mis 700 km en carreras y acercarme un poco más a los 1000 (próximo objetivo).
Por otro lado cabe destacar el excelente desempeño del compañero Diego Araujo, quien quedó entre los mejores doce en su categoría de un total de 196 inscriptos con un tiempo de dos horas 26 minutos (integrante de Sayago Running) y el gran rendimiento de Rai y Jorge Xavier, que si no me equivoco es el mejor promedio en carrera que han logrado.
Finalmente quiero destacar la organización de la carrera que fue muy buena y en dónde se nos trató de manera excelente. Por lo genenral uno paga y muchas veces se siente estafado, en este caso fue totalmente lo contrario, si uno suma todo lo que la organización dió el importe supera ampliamente el costo de la inscripción, "que bueno estaría que otras organizaciones siguieran el mismo ejemplo".
Más allá de todo, lo más rescatable es el encuentro con amigos y estos momentos robados a la vida, en donde permanentemente ganamos en años y calidad de vida. Por suerte al otro día quedan los recuerdos de lo vivido y la mirada hacia la próxima carrera en donde echaremos a rodar estos tres fierros cruzados que tantas satisfacciones nos regala sin pedir nada a cambio.

Otras fotos de la Pataia

Los novatos bikers vienen bajando tiempo a pie firme, terminando con un promedio de 20 km en la hora.
Ahora que siento el viento en la nuca de estos dos compañeros me arrepiento de algunos consejos dados. ja ja!!!!








Largar del fondo y sin apuro da tiempo para apreciar la gran cantidad de bikers prontos para salir a rodar.
Allí hay nervios y adrenalina por dentro de nuestros cuerpos que ya no aguanta más y quiere salir a hacer su carrera.








Por suerte siempre después del esfuerzo de dos horas y pico rodando por caminos polvorientos y al rayo del sol quedan sonrisas y buena onda para repartir.




Foto tomada por: Catalina (futura encargada de publicidad del equipo)




Lo mejor de las carreras lo da la gente menuda apoyando con sus gritos y sus aplausos. Repartiendo alegría y dándonos esa palmadita en la espalda para rematar nuestros últimos 50 metros. Y por supuesto, luego de cruzar el arco se acercan a mirarnos y observan nuestras bicis como si fueran platillos voladores que acaban de bajar.
Derecha de la foto: Toto (mi inquieto y reflexivo sobrino).
El que le sigue a su lado: Manu (mi frágil comprador sobrino).
La que le sigue: Cata (la coqueta y chispiante de la barra menuda)

sábado, 10 de enero de 2009

Algo sobre el 2008

jueves, 8 de enero de 2009

Frases para pensar.....

“El camino hacia el triunfo se vuelve solitario porque la mayoría de los hombres no están dispuestos a enfrentar y vencer los obstáculos que se esconden en él.
La capacidad de dar ese último paso cuando estás agotado es la cualidad que separa a los ganadores de los demás corredores”


Edward Le Baron.

lunes, 5 de enero de 2009

Así se prepara Sayago Bike & Running




Ayer domingo 4 de enero fuimos con Victor, Rai y Jorge a entrenar a Piriápolis, salimos a las 9:30 am de esa hermosa ciudad arriba de las bicis con rumbo desconocido. El amigo Victor nos comentó de ir a un lugar que le habían recomendado que quedaba a unos seis kilómetros de la ciudad, el cual era un campo privado con un circuito cerrado de unos cinco kilómetros en dónde habitualmente los lugareños hacen competencias y entrenan. Resultó ser un circuito duro y muy técnico pero altamente disfrutable con rocas grandes a los costados, tierra suelta, monte cerrado pendientes muy pronunciadas, etc. Creo que todos los que fuimos nos sentimos como gurises de doce años, pero como siempre sucede fuimos ganando en confianza y uno de nosotros, nuestro amigo JX quiso experimentar qué se sentía ser un proyectil de una catapulta y voló por los aires en dos oportunidades, en la primera vez salió un poco magullado, pero en la segunda supo probar qué tan fuerte era su cabeza chocando contra una piedra de un metro de diámetro, por suerte esta quedo pronta para seguir funcionando, gracias a su fiel amigo: el casco. Cuando ya nos cansamos de ese lugar decidimos regresar a Piriápolis y subir el cerro San Antonio. Cuesta arriba nos deleitabamos con la hermosa vista del cerro y las hermosísimas casas del lugar. Cuando llegamos arriba retomamos energías y comenzamos el descenso, pero he aquí que al amigo Victor se le ocurrió bajar el cerro no por la calle como los seres normales, sino por los montes que están al costado del camino, y así lo hicimos, eso sí, le dijimos "primero vos Victor que sos el loco" y el muchacho que ya se creyó eso de sentirse un gurí arriba de la bici, se mandó sin cuestionarse nada. Luego que todos salimos del monte a una calle dijimos "bue que hacemos"...... nos miramos y a subir a pie con la bici en el hombro monte arriba hasta donde nos habíamos tirado hacá un rato. Como esto no alcanzó, cuando llegamos a la cima decidimos tirarnos otra vez y ahí si dijimos "esto va a ser fácil" "ya lo conocemos, si lo hicimos bien la primera debería salir mucho mejor a la segunda"...........y fue así........como se estrellan los que se creen estrellas. Se tiró delante de todos cuesta abajo, como no faltaba más, nuestro querido amigo CAMIKAZE TRILLAS y yo detrás de él, seguido por Jorge y Rai. Allá en la última curva del monte mis brazos le dieron la órden de doblar a mi fiel compañera y esta no pudo seguir mis consejos por la tierra suelta y la hojarasca, a las cuales no parecíamos caerles nada bien. Fue así que terminé contra un árbol y pegando mi cuerpo contra el ramerío, cuando me quise reponer del porrazo no podía desprenderme de la maleza y pensé ..."estaré tan boleado que no me puedo parar" entonces me di cuenta que el casco me había quedado enganchado en una rama, y la desgraciada se me había metido entre la piel y las correas del casco, raspándome la cara como avisandome que no me la iba a llevar de arriba. Cuando logro liberarme bajo desepcionado por el golpe esperando ver a CAMIKAZE TRILLAS esperándome con un mate, no fue así, cuando llego diviso la imagen del amigo saliendo de una cuneta. En los últimos 10 metros pretendió esquivar una cuneta y como vió que no le daba la fuerza de giro intentó hacer uso de su más depurada técnica tratando de saltar la cuneta al mejor estilo Kangaroo Jack, pero este recurso también le fue esquivo y terminó de cabeza en la cuneta con algunos raspones menores. Luego de todo esto dijimos: "aliva ota ve", y ahí sí subimos otra vez por el monte hasta tomar la calle que baja del cerro. Más allá de todo este entretenido periplo rescato lo mucho que nos dejó el día de ayer. Tardamos una hora en llegar a Piriápolis de Montevideo y y estuvimos perdidos en la naturaleza por lugares hermosísimos, sigo haciendo incapié en lo bien que se puede pasar gastando poca plata y con algo tan simple como una bicicleta, creo que vale la pena regalarse estos momentos que nos mantienen tan llenos de vida y bien hermanados con la "pacha mama"

sábado, 3 de enero de 2009

Campeonato: Misión GT (carreras combinadas)



CALENDARIO 2009

Toda la info en: http://www.misiongt.net/



PRIMERA ETAPA: 25 DE ENRO DE 2009

Lugar: La Barra, Punta del Este
Largada: Parada 36 de playa brava

Distancias: 3,5km kayac, 28km MTB, 11km run







SOLANAS

Fecha: 15 de febrero de 2009
Lugar: Solanas, Punta Ballena
Largada: Playa Hotel Solanas del Mar
Distancias: 4km kayac, 26km MTB, 13km run




PIRIAPOLIS
Fecha: 19 de abril de 2009
Lugar: Piriapolis, Maldonado
Largada: Rambla frente a Hotel Argentin
Distancias: 11km run, 22km MTB, 3km kayac






ATLÁNTIDA

Fecha: 14 de junio de 2009
Lugar: Atlántida, Canelones
Largada: a determinar
Distancias: a determinar






MINAS
Fecha: setiembre de 2009
Lugar: Minas, Minas
Largada: Cerro Artigas
Distancias: 8km run, 26km MTB, 2km run, 4km kayac, 2km run







LAGUNA DEL SAUCE
Fecha: 13 de febrero de 2009
Lugar: Laguna del Sauce, Punta Ballena
Largada: Rambla Laguna del Sauce
Distancias: 4km kayac, 24km MTB, 12km run