domingo, 29 de marzo de 2009

Crónica de MTB Pueblo Garzón por Pablo Lapaz



Mis Aventuras con la Negra ZasKar

La previa
El sábado previo a la carrera era el cumple de mi hijo Mateo, amante nato de la bicicleta.
Como regalo de cumpleaños decidí desarmarle su bicicleta que tanto ama y pintársela toda de negro y pegarle unos stickers de GT. Además le compré un casco y unos lentes y pronto los regalos que con ansias esperaba estrenarlos el domingo cuando participara de las carreras previas para niños llevadas a cabo por la Organización, que dicho sea de paso están BUENÍSIMAS (Sote para los organizadores).


Con los nervios previos a la carrera que ahora ya no eran sólo los míos, son también los de mis dos hijos Sofía y Mateo que debutarían como Bikers. Arrancamos para Pueblo Garzón a eso de las 7.00 am, aunque mi día comenzó a las 5.00 am para aprontar todo: comida para todo el día, sillas, bolsos, conservadora, las tres bicis, etc., etc. y todo para una carrera que duraría poco más de una hora. Ya sé lo que estarán pensando el apronte, el viaje de 400 Km, luego el bajar todo del auto, el calor, ……¿una locura?,….. ¡puede ser! Hay que ser bastante amante de todo esto o estar un poco falto de esa coherencia racional que tanto abunda por todos lados. ¿Cómo se puede pasar armando y desarmando dos horas y viajar cuatro para una carrera de una hora y pico? Cada uno búsquele la vuelta que más le convenza, lo cierto es que pasamos un domingo en familia realmente EXCELENTE y eso trasciende lo deportivo por lejos.



La carrera
Previo a largar me encontré con mis compañeros y amigos en esta locura de correr , Pablo Caurla, Raúl Caetano y también estaba Diego Araujo, compañero de Sayago Running.
Se suponía que largaríamos a tren controlado por 1 Km, pero como siempre sucede todo el mundo arrancó con mucha fuerza, hasta que finalmente comenzó nuestro viaje de pura competencia y adrenalina a encontrar y conquistar esa impresionante naturaleza que nos esperaba de brazos abiertos con un día espectacular que fundía el azul del cielo con el verde de los campos en el horizonte que teníamos por delante.
En los primeros kilómetros se rodó bastante rápido y mi cuerpo estaba en una lucha interna por no seguir a nadie y mantener un ritmo totalmente diferente, me sentía Manuelita en Peguajó pero con otros bichos de mi especie que de a poco se iban perdiendo en los zigzagueos del camino. A poco de empezar me pasa mi compañero Raúl y a Dieguito Araujo lo vi irse atrás del pelotón de punta.
Pero a los 4 o 5 Km dije: “se acabó vamos a sacarle jugo a esta Zaskar a ver que da” y empecé a treparme cuanto repecho había parado en los pedales como si faltasen 100 metros ja ja, ya me había durado mucho la mansedumbre, imposible convivir con esta gran inquietud que llevo dentro a un ritmo lento.
Por allá adelante a los 7 Km alcanzo a Raúl que me dijo: “pa vengo muerto del estómago, me tomé un gel nuevo que me cayó como piedra”, ahí le dije : “me quedo contigo” y el me alentó para que siguiera, lo pensé por unos minutos y seguí adelante, a los dos minutos el remordimiento me daba vueltas. Más de una vez pensé en darme vuelta, pero debo confesar que me ganó el egoísmo y continué adelante, por dentro me decía: “seguramente si se siente muy mal puede llamar y alguien de la organización lo puede levantar”, “pa pero soy de terror me ofrezco a ayudar a cualquiera por ahí y a este amigo lo dejo tirado”, pensarán que paré, la verdad que NO, seguí y seguí , la cosa no era tan grave. Entre nos PERDÓN RAULITO.
Los repechos seguían y seguían, ya íbamos más de 10 km y cada vez más alto yo me decía: “todo bien pero ya se les está yendo la mano”, ¿qué hay de esa hermosa adrenalina de las bajadas?”, el ahogo ya lo estaba sintiendo, pero seguía trepándome esos repechos parado en los pedales, dejando a unos cuantos competidores atrás. Allá por el Km 15 dimos un giro a la izquierda y la vista era espectacular, estábamos en la cima de una sierra, bien a lo lejos se divisaba la costa de Maldonado y aquello era un banquete visual que invitaba a bajarse un rato y sentarse a sentir el viento, el sol y apreciar todo ese verde a nuestros pies.
Ahí pensé: “¿y si me quedo por acá y espero a Raúl?”, “pobre debe venir bastante mal”….pero otra vez ese diablito que llevamos dentro me tironeó con tanta fuerza del manillar que me dejé de romanticismos y mi compañero pasó a ser una imagen pasada.
Yo pensé… si estoy acá arriba bien alto y la costa se ve a lo lejos, esto va a empezar a bajar, pero nada de eso, allá por el Km 22 en el último puesto de hidratación comenzó un ascenso pero por campo, nada de caminos y cosas fáciles, yo me decía “¡que bárbaros que son estos!”, “¿hasta cuándo con esto de los ascensos?” “BASTAAAA!!”, todo era rigor y exigencia.
Pero como todo lo que sube algún día tiene que bajar, así pasó no más y a partir del Km 25 y hasta el 32 ¡QUE BAJADAS IMPRESIONANTES!, para colmo habían canaletas de lado a lado del camino y a 50 Km/ hora había que saltarlas. Mi Zaskar parecía un “Kangaroo” dando saltos en el aire y todavía alguna que otra buena cañada nos sorprendía, no valía distraerse ni un segundo, todo era muy rápido y requería de nuestros reflejos a mil.
Allá por el Km 32 debíamos dar una curva cerrada a la izquierda al final de una bajada, allí habían unas barandas pintadas de amarillo y negro, yo debí darme cuenta que esos colores no traerían nada bueno, lo cierto es que casi me doy de lleno con las baranditas y me llevo de recuerdo una hermosa pechera incrustada de Peñarol.

La llegada
Luego de eso seguimos con mi Zaskar negra esta fiel y aguerrida compañera, rodando por el camino de balastro que nos llevaría a Pueblo Garzón. Ahí sí, sin lástima le saqué jugo a la bici y pedaleé con todo hasta llegar al arco, pasando por debajo de él suelto del manillar con mis brazos en alto dando muestras de que la tarea estaba cumplida. Estaba como para una foto, esa que mi señora me había prometido cuando llegara, pero lo cierto es que no hubo ni una foto, no sé si porque demoré mucho y ella estaba cansada, o porque anduve volando y no le di tiempo de nada. Al final una vez más todo gracias a Dios salió redondo: AMIGOS, FAMILIA, NATURALEZA, SALUD ¿qué más puedo pedirle a la vida?.
Con respecto a los tiempos extraoficiales Diego Araujo 1 hora31’, Yo 1 hora 39’, Raúl 1 hora 42’ y Pablito Caurla 1 hora 46’.

Un viaje de vuelta con algo de reflexión
En el viaje de vuelta veníamos escuchando a Drexler en el auto y había una frase en la canción “Mi Guitarra y vos” que me quedó sonando que decía: “uno solo conserva lo que no amarra” y por dentro pensaba que las carreras tienen mucho de esto. Si bien rodamos cuanto rincón hay y los sentimos como nuestros, no nos atamos a ellos, simplemente somos unos turistas de paso dejando algo de nuestra vida.
Los Bikers no nos amarramos a ningún pedazo de tierra, a ninguna sierra, a ningún monte, ni arroyo, ni cañada, sólo disfrutamos fugazmente de ellos, conservándolos en el interior de nuestro ser, esperando la próxima excusa, la nueva cita o aquel desafío para seguir acumulando experiencias vividas pero sin amarrarnos a nada. Bueno, al menos mientras dura el idilio de correr.
En fin…. todo es más llevadero y somos más livianos cuando sólo conservamos momentos y experiencias y no nos amarramos a las cosas.

FIN .





sábado, 21 de marzo de 2009

Algo sobre la Hidratación

Pautas de Hidratación

Las pautas de hidratación durante el ejercicio son:
La hidratación debe adelantarse a la sed, cuando percibimos esta, las pérdidas ya están comprometiendo el rendimiento.
La temperatura recomendada para los líquidos es de entre 10 y 15° C ya que esta temperatura facilita un vaciado gástrico más rápido.
Es importante hidratarse antes, durante y después del ejercicio.
Antes del ejercicio:
La noche previa a la carrera beber al menos 500 cc de líquidos
La mañana previa a la carrera beber al menos 500 cc de líquidos
Las dos horas previas al ejercicio beber entre 400 y 800cc de agua o bebida isotónica por hora.
Veinte minutos antes del ejercicio 200 a 400 cc de líquidos. En los ejercicios de menos de una hora de duración esta última ingesta podría ser de una solución con 6-8% de hidratos de carbono, cuando el ejercicio excede la hora lo indicado para esta última ingesta previa es el agua ya que de esta forma estaríamos favoreciendo la utilización de las grasas como fuente energética.
Durante el ejercicio
Tomar de a pequeñas cantidades entre 150 y 250 cc cada 15-20 minutos de agua y/o una bebida isotónica con de hidratos de carbono y electrólitos concentrada moderadamente (5 a 8 %). En carrera de más de cuatro horas la ingesta exclusiva de agua puede producir hiponatremia
Finalizado el ejercicio
Tomar en pequeñas cantidades entre 500 y 800 cc por hora de una bebida con carbohidratos y electrólitos concentrada al 6 – 8 %.
Controlar el peso antes y después de los entrenamientos para poder calcular con exactitud la cantidad de líquido perdido.
Practicar en los entrenamientos las normas de rehidratación que se van a utilizar en las competencias a los efectos de asegurarnos que tendremos una buena tolerancia a esa ingesta de líquidos el día de la competición y un mejor rendimiento en los entrenamientos.
Las pautas de hidratación deben ser ajustadas a las condiciones ambientales.

lunes, 16 de marzo de 2009

La Válvula de MANDINGA por Pablo Lapaz

Crónica de MTB en Parejas (Priápolis 15/3/09).


Partimos muy temprano de Montevideo con un día que no pintaba muy bien, a medida que rodábamos hacia el Este el tiempo se empezó a poner peor, mucho viento, un cielo nublado y la temperatura que había descendido.
Cuando llegamos al Argentino Hotel ya habían competidores calentando por la rambla y nosotros debíamos levantar nuestros números y pasar por el baño, así que como ya es costumbre todo a contra reloj.
Arrancamos con mi compañero Pablo Caurla al final del pelotón zigzagueando entre otros competidores, hasta que al tomar la rambla a la altura del puerto el viento se puso de frente, entonces ahí la estrategia cambió. Comenzamos a ponernos atrás de pequeños pelotones tratando de atajarnos del viento y cuando nos sentíamos con fuerza picábamos y nos poníamos atrás de otro pelotón escalonando posiciones y luchando con ese viento que en algunas ocasiones nos bamboleaba las bicicletas, así que ni se imaginan como estaban nuestras piernas que ya a los dos kilómetros pedían piedad.
A los 3 Km giramos a la izquierda y se vino un ascenso de unos 300 metros bien empinado, yo pensé “si este es el comienzo que me espera a la mitad”, pero como siempre digo y pienso “por suerte Dios inventó las subidas pero también las bajadas”, así que sólo sería cuestión de tener paciencia y esperar ese hermoso y tan deseado descenso que diera un poco de tregua.
Y así fue vino la tregua, solo que duró unos metros, pues nos metimos en un campo lleno de barro en donde había espacio apenas para un competidor casi todo en subida y donde todo el mundo caminaba. Pensé “esto de ir atrás de un montón de gente caminando me tiene aburrido”, ahí tomé mi bici nueva, con la cual todavía sigo de luna de miel, me la puse al hombro y corrí entre piedras, barro y chircas, pues no podía pasar a nadie por el trillo. Corrí como un caballo salvaje entre el ramerío y las piernas me quedaron más que como las de un caballo, como las de una cebra, todas rayadas de arriba a bajo. Pero el esfuerzo valió la pena debo habérmele adelantado a unos 20 o 30 competidores.
Salimos de ese campo que bordeaba el Cerro San Antonio, el cual deberá tener unos 3 km y tomamos un camino de balastro con un lindo y laaaaaargo repechito, miro para atrás y de mi compañero nada, así que decidí parar, bajarme e hidratarme un poco.
Al rato me pasaron Raúl y su compañero, con la típica cargadita mutua, entre Raúl y yo, atrás venía raudo mi compañero Pablo, rodamos un rato a un buen ritmo, pero confieso que me hubiese gustado andar un poco más rápido.
Mi bici nueva en cada repecho dejaba a más de uno de esos competidores que habían largado tan cerca del arco. Sinceramente estaba en plena sintonía con esos cuatro fierros con una confianza ciega y esta leal compañera parecía hablarme y decirme ”dale metele que te acompaño” por si no se las presenté aún, es una HERMOSÍSIMA Zaskar negra, que hasta fetichista me está volviendo.
Si será fiel y guerrera esta compañera que cuando tomamos una ruta importante que no se cual era, en una bajada me llegó a dar 63 Km/hora, mis piernas daban vuelta a esos pedales sin control a toda máquina y ahí pasé a otros competidores. A todo esto iríamos a la mitad del recorrido, mi compañero me seguía a unos 100 metros hasta que me alcanzó y rodamos a buen ritmo hasta que el embale se nos vino al piso de un sopetón cuando entramos a un predio turístico que nos recibía con un camino de balastro que se perdía en las nubes y ahí estábamos nosotros, unos simples mortales con caras que hablaban por si solas. Algunos suspiraban antes de empezar a subir, otros se tomaban algún trago de quien sabe que cosa, otros se quejaban , estaban también los que se reían y los que metían cambio como locos, lo cierto es que no escuché ni una voz de esas que dicen “vamo arriba”, “fuerza compañero“, etc., allí lo único que había era respeto y desánimo. Sinceramente la cuesta impactaba de solo verla, de hecho desde que corro después de la subida del Betete es la más complicada que me ha tocado. En fin, comencé a trepar con paciencia y a pura fuerza y concentración, muchos se bajaron y poco a poco fui pasando de a poco a algunos competidores, tratando de no chocar de frente con alguno que ya había conquistado la cima y se mandaba a todo trapo por la bajada en sentido contrario.
Finalmente llegué arriba, con mi compañero unos metros atrás, no sobrado pero con energías suficientes como para largarme por esa bajada a todo trapo, ¡la vista era impresionante!, allí uno se siente por un instante un pájaro, ve todo ese verde allá abajo, los árboles parecen plantas y el cielo está ahí, parece como si bastase estirar un dedo para tocarlo. Pero el idilio terminó y nos zambullimos en esa bajada espectacular de 700 metros aprox. con nuestro amigo el viento que se colaba en cada agujero. Allí tan altos de la tierra con ese viento fuerte y las imágenes que pasan muy rápido a medida que descendemos, somos como águilas en busca de una presa, somos como una flecha que se adentra en el horizonte, somos pura libertad rodando por el mundo, un suspiro profundo, un respiro de placer que dura hasta el último metro de la bajada.
Cuando salimos de esa impresionante elevación seguimos rodando un rato y allá por el Km 25 cuando llevábamos de carrera 67 minutos (nada mal para lo que era el circuito) y a solo falta de unos 5 Km para terminar me doy cuenta que estaba pinchado en la rueda delantera.
Ahí nos bajamos y cuando íbamos a cambiar la rueda ninguno tenía herramientas para desenllantar, Raúl que venía atrás nos dio una y con esa y el mango del inflador como si fuera una llave sacamos la cámara, inflamos la cámara nueva, pero para colmo de males cuando sacamos el inflador rompimos la válvula sin opción a nada y sin que nos quedara ni una cámara extra. Esa bicicleta parecía poseída por alguna fuerza extraña o el que se había esmerado en hacernos el embrujo andaba reclarito. Bue, allí quedamos totalmente varados, mientras nos pasaban esos buenos compañeros que nunca van apurados por los tiempos, al rato alguna pareja mixta, luego para darnos la última bofetada las parejas de los padres con los hijos (hijos que no superaban los 10 años), ay ay ay noooooo aquello era lamentable faltaba que nos pasara alguna viejita con un carro de feria y de ahí salíamos directo para el psicólogo.
Yo pensé en seguir corriendo con la bici de tiro, pero decidimos esperar a que algún buen samaritano nos cediera alguna cámara, pero hete aquí que mi bici tiene válvula fina y todos traían válvula gruesa así que ya era cuestión de azar. Como un loco les gritaba a los que pasaban “¿VÁLVULA FINA, VALVULA FINA……?” y todos me miraban como diciendo “pobre desgraciado este”, por allá como a los 15 o 20 minutos apareció uno que sí tenía una cámara de válvula fina y pudimos salir del pozo. Ahí le dimos con todo a puro empujón motivados por la bronca, por el escaso remanente de orgullo que nos quedaba y por la ansiedad de llegar y bajarnos de una vez de esas bicis. En esos últimos 5 Km pasamos a unas cuantas parejas con un viento de frente, ese que nunca falta en los últimos kilómetros con las olas que salían de la playa y nos mojaban como diciendo “tomen giles”.
Finalmente cruzamos ese arco en un tiempo oficial de 1 hora 40', quedando en el puesto 30 en nuestra categoría y en el puesto 98 en la general, de un total de 170, más allá de los 341 competidores que publicó la Revsta Uruguay Natural, dato este que llamó mi atención, pues si es en parejas el número debió ser par. ¡Muchachos hay que avisarle al planillero que las embarazadas no cuentan doble!.
¿170 x 2 igual ......341? mhhhh
Del otro lado de la línea esperaba la familia como siempre, lo que me hizo enfriarme un poco mientras escuchaba a mis hijos gritar “dale papi”, y bue no fue un lujete nuestro desempeño, pero llegamos al cobijo de esos abrazos sinceros y generosos LA MEJOR MEDALLA que un padre puede tener cuando cruza un arco. Ver a mis hijos felices, sanos, orgullosos contentos por verme estuvo mejor que toda la carrera, fue lo más lindo que me pasó en la mañana, más que haber conquistado una cima que daba miedo, haber andado a 63 km/h, etc. Cuando uno viene medio peleado con el mundo por el desempeño están ellos mirando repletos de goce, ¿QUE MÁS PUEDO PEDIR?, solo por ese simple hecho ya me siento un afortunado en esta vida entreverada.

MATEO (a la izquierda) SOFÍA (a la derecha)


lunes, 9 de marzo de 2009

Frases para pensar.....

"El pesimista en cada oportunidad encuentra una dificultad, el optimista en cada dificultad encuentra una oportunidad".

"El fracaso es solo la oportunidad para comenzar de nuevo......En forma más inteligente".

domingo, 8 de marzo de 2009

Crónica del Desafío Nocturno por Pablo Lapaz

Creo que sin dudas esta carrera ha sido la mejor en la cual he particpado, por varias razones, entre ellas por tener que correr en pareja, por el clima que estuvo un poco complicado y le dió un atractivo especial, por ser en la noche, por tener que orientarse por medio de un mapa, por ascender y descender un cerro atravesando metros y metros entre agua, barro, monte espeso, oscuridad, etc. En lo que es personal dada mi personalidad siempre me he sentido atraído por lo variado y sinceramente en ningún momento tuve tiempo para aburrirme, cosa que algunas veces me sucede en otras carreras. Era como estar viviendo un película mezcla de acción, aventura, y suspenso en donde uno se metía dentro del personaje principal como si fuese una micro cámara....IMPRESIONANTE sensación. Experimenté un sin fin de sentimientos bien diversos como: emoción, miedo, coraje, vértigo, paz, armonía con el universo, una sensación enorme de libertad, paciencia, asombro, estupor, etc, lo que hizo que viviera en algo más de tres horas lo que por lo general en la vida normal lo vivimos en un año.
La carrera
Arrancamos de Sayago con una lluvia torrencial en donde por momentos circulábamos a 40 dado que no se veía nada y habían algunas calles inundadas, lo cual hizo que llamaramos a la organización para saber si se hacía o no la carrera, a lo cual nos confirmaron que si. Así que sin más, y con la posibilidad de que se suspendiera seguimos hasta llegar a Gregorio Aznares a eso de las 18:30.
Allí estaban todos los demás compañeros y amigos: Raúl y Pablo, el chino y Clo, Juan y Fernando y Rai y Jorge Xavier.
A las ocho largamos la parte de bike and running con mi compañero Victor Trillas liderando el pelotón, aclaro que este tipo de modalidad es que uno corre y el otro va en la bici acompañando.
La estrategia era que yo arrancara corrriendo rápido y al cansarme cambiáramos, yo sinceramente pensaba "vamos a ver cuanto dura esto , seguramente en un rato nos empiezan a pasar", pero al mirar para atrás no veía a nadie salvo a una pareja que venía muy cerca, nosotros veníamos a un ritmo de 16 Km/hora lo cual no estaba nada mal. A los 3 Km nos pasó la pareja que venía atrás y quedamos relegados al cuarto lugar, el cual mantuvimos hasta llegar a la parte en donde dejábamos las bicis(km 8), a dónde llegamos en un tiempo de 28 minutos. Entramos los dos a correr subiendo ese cerro espectacular, adentrándonos en la espesura de los montes, los cuales se hacían cada vez más apretados y oscuros, pues ya era de noche.
Mi compañero de a poco se fue adelante y ahí quedé solo entre el pelotón de las cuatro primeras parejas y el resto de la gente que venía atrás. Me encontraba perdido en esa oscuridad total con mi linterna que era más importante que el aire para respirar, la oscuridad era total dentro del monte y cuando apenas se despejaba estaba igual de oscuro dado que estaba todo nublado y la muy desgraciada luna no nos regalaba ni un poco de luz. Al rato escucho a lo lejos una voz que decía "PABLO", era mi compañero, ahí respiré, pensé que me iba a decir algo así como "dale que te estoy esperando", muy por el contrario, me dijo "dale que no te espero". Yo le gritaba "Victor aguantá" y el decía "dale dale", y esa voz cada vez la sentía más lejos y a veces no sentía nada por un rato, ya me estaba acostumbrando a sentirme sólo y de a ratos esa voz de nuevo lo que me indicaba que tan mal no iba. Ahí se me ocurrió una idea, si la voz la escuchaba cerca le gritaba "50 metros", si la escuchaba un poco más lejos "100 metros", si se escuhaba más bajo "estoy 150 metros atrás", y si no escuchaba nada o apenas un sonido le gritaba en el medio del monte "estoy a 200 metros aguantá que me quedé" y así la fuimos llevando estando y no estando. Mientras yo trataba de no perderme guiándome exclusivamente por el sonido Victor luchaba adelante por no desprenderse de las cuatro primeras parejas. Un dato curioso es que luego que terminó la carrera Victor me preguntó que era eso de los metros a lo cual yo le di una explicación, no se para que me maté diciéndole tanto lo de los metros si igual no me entendió nada.
Toda esa subida por el cerro era entre un curso de agua, barro y piedras, lo cual ya no permitía ni trotar, entonces cambie de la modalidad trote a zancadas grandes luchando con ramas, agua piedras, etc. Era mucho mejor subir por el curso de agua que por los estrechísimos costados del mismo, pues en esa parte las ramas nos obligaban a ir agachados, en cambio por donde pasaba el agua había un poco más de espacio me permitía por lo menos ir parado.
En algunas partes habían troncos que se atravesaban a la altura de los pies o a la altura de la cabeza, de hecho en un momento me di con la cabeza en un tronco por suerte dió en el casco, pero creo que no fue tan malo, del golpe seguramente alguna neurona que tenía perdida dentro de mi sinapsis encontró su lugar. Casi llegando a la cima del cerro habían claros que borraban el trillo y costaba encontrarlo, yo alumbraba con mi linterna a la espesura tratando de adivinar donde estaba ese hueco llamado "camino o trillo" ja ja, pero finalmente lo lograba encontrar. En una oportuinidad me pareció que el trillo daba un giro y ahí fui raudo, hasta que un alambrado se me plantó delante como diciendo "¿qué haces,?, no ves que es para el otro lado" me llevé puesto esos cuatro alambres pegándome un lindo cimbronazo en mis piernas y en esa parte donde nunca da el sol.
Al salir del monte y a falta de 200 metros para conquistar la cima miraba para abajo y no les puedo explicar que cosa más hermosa esa vista de las luces de Piriápolis a lo lejos con esa brisa casi fría que nos refrescaba de la humedad del monte. ¿Como definiría esa vista?.....hermosísima, espectacular, un regalo para el alma, me sentía un ser sumamente afortunado de estar ahí, me sentía libre, en paz y en armonía conmigo mismo y con el universo, en soledad conversando con la intimidad de la noche y de mi ser.
Luego de llegar a la cima comenzamos el descenso, teóricamente debía ser por el mismo lugar por donde habíamos subido. Mientras bajábamos pasamos a dos parejas que iban delante, osea que quedamos en el tercer lugar por momentos. Yo me sentía como gato entre la leña, bajaba entre piedras, barro, agua, ramas a puro salto y zigzagueando para un lado y para el otro, la cuestión era no frenarme para no patinarme, poner el pie en el lugar correcto, no caer y por supuesto alumbrar bien y rápido el curso de agua por donde estaba bajando. Por momentos me separaba bastante de las dos parejas que tenía detrás y de mi compañero, entonces decidía parar y esperarlos, pues esas dos parejas ya conocían el camino y yo no, seguramente si me adelantaba y me perdía me iba a resultar muy difícil salir de ese cerro. Mientras tanto le gritaba a mi compañero "dale Victor estas parado" y un montón de cosas más a lo cual el respondía "pará la c........ " y yo le devolvía con una respuesta de igual tono. Ahí le grité a Victor "seguí el curso de agua que seguro no te perdés te va a llevar abajo, yo me voy a adelantar". Yo me sentía un indio en el medio de la selva, libre, ágil, mis reflejos estaban a 1000, era algo excitante y me hacía circular hasta la última gota de adrenalina, pero como los excesos nunca son buenos en una me patiné y me di un buen porrazo quedando en el medio del curso de agua sentado en plena oscuridad, pues con el golpe se me había apagado la linterna, no me veía ni las manos ni lo que tenía delante. Sinceramente fue una de las pocas veces desde que corro que tuve un poco de miedo, pues mi linterna no funcionaba y no veía ni por donde ir, todo era oscuridad, por suerte nunca solté mi linterna, ahí le dí un par de golpes y quiso prender algo, otros golpes más y por suerte tuve luz para poder seguir.
Finalmente llegamos a la falda del cerro con éxito, yo seguí corriendo y Victor siguió en la bici, pues venía con calambres y yo me sentía bien para seguir a pie. Ahora debíamos volver a Gregorio Aznares en modalidad Bike and Run.
En una siento un grito y miro para atrás y veo a Vic tirado arriba de la bici en el piso, ahí le dije: "pa' Victor .. ....dale se nos van" a lo cual mi compañero me responde enojado "no me apures pará un poquito, no me hablés más me tenés enloquecido" se le había desprendido la luz del manillar y no podía manejar e iluminar. Entonces decidí ir adelante con una linterna alumbrando mi camino y con otra alumbrando para atras marcándole el camino a mi compañero, ahí le dije "¿lo que me faltaba! ...ponerme una luz en la cola también". Salimos a la ruta 9 a las 2 horas 10 minutos, al rato Vic se bajó y yo aproveché para descansar e hidratarme arriba de la bici. Mi compañero venía con los calambres que lo estaban complicando un poco entonces seguí corriendo un rato mientras el trataba de arreglar su bici que le había quedado trancada después del golpe. Y así seguimos, íbamos a un buen ritmo algo así como 15 km/ hora lo cual no estaba mal, pues era casi el ritmo con el cual habíamos arrancado. Llegamos a Gregorio Aznares casi al mismo tiempo que la pareja número 5(a las 2 horas 40). Allí perdimos un poco de tiempo cambiándonos y reparando las bicis y salimos a rodar, ahora nos esperaban algo más de 30 Km en bici con un mapa y a pura orientación. Al salir debíamos agarrar un camino el cual pensamos que estaba más adelante y ahí le digo a mi compañero: "pará que vamos mal" miramos el mapa y en eso pasa otra pareja que nos dijo que debíamos haber doblado más atrás, entonces pegamos la vuelta, ahí nos hicimos como 3 Km de más y una pareja que la traíamos atrás nos pasó. Retomamos el camino correcto mientras yo trataba de adivinar las distancias en ese mapa y lo pasaba a minutos de acuerdo al promedio de velocidad que llevábamos, de esa manera más o menos le iba diciendo a mi compañero cuantos minutos nos llevaría cada tramo del recorrido y así saber qué tendríamos delante, hecho este que nos hizo ganar en seguridad. En una oportunidad casi termino en una cuneta, pues mientras manejaba por un camino en completa oscuridad, apoyaba el mapa en el manillar y lo iluminaba con mi linterna para saber como íbamos, pero derrepente perdí el equilibrio y me fui contra un costado dando banboleos para no caerme pero sin soltar ese mapa que era tan vital. Ahí mi compañero iba delante con más energías y yo luchando con la hoja de ruta y mis calambres que me traían muy mal. Allá por la mitad del recorrido el cielo se comenzó a despejar y esa luna casi llena bañó de luz el campo dejando ver vacas, alambrados, montes y casas. Por momentos para olvidarme de los calambres miraba el cielo repleto de estrellas con la luna bien arriba, que parecía escoltarme en esos últimos kilómetros que me restaban por llegar. Victor a falta de 10 o 12 Km dijo "ahora si hay que darle" sacó fuerzas no se de donde y le dió con todo como si faltasen dos cuadras, aquel cristiano no parecía el mismo que se quejaba de los calambres una hora atrás. Yo venía tirando más con el corazón que con mi cuerpo, los calambres mi traían muy mal, pero mi compañero me dió para adelante llegando finalmente a la meta en 3 horas 40 minutos aprox. Cuando me bajé lo abracé con orgullo y satisfacción, emocionado por haber hecho una excelente carrera, ganándole a lo duro del terreno y a nuestras limitaciones.
En el salón, donde nos dieron las medallas, esperaba mi compañera Claudia, Fernanda la esposa de Vic y su hija Catalina, y el amigo Cesar Tubino que nos hicieron el aguante en esta hermosa locura que es correr.
En la noche del sábado me sentí un turista en otro país, parecía como si me hubiese tomado un avión a algunos de esos destinos turísticos de cartelera y saben que............solo tuvimos que subirnos a un auto y hacer 90 km. Este sigue siendo por suerte un BENDITO PAÍS. Aquí todavía hay muchos lugares escondidos a la vuelta de la esquina que nos esperan generosamente para regalarnos toda su exuberancia y belleza, solo hay que animarse a recorrerlos y disfrutarlos.

FIN