lunes, 31 de agosto de 2009

Al cobijo de las Sierras


Parte Práctica del curso de Orientacíon dictado por Leo Yozzi (sábado 29 de agosto)


¡Paseito al campo …..aura!

Lo que debía ser un simple paseíto con Leo Yozzi para reafirmar de manera práctica algunos contenidos del curso de Orientación, se transformó en un trekking de 20 Km por las sierras de Aguas Blancas.

Arrancamos con Leo con la promesa de parte este de que a la vuelta nos esperaban unas hamburguesas, pequeño detalle, nunca dijo a la hora que las comeríamos, no nos imaginaríamos que con esa vueltita que el almuerzo se transformaría en cena, y así fue porque el paseíto nos llevó seis horas.

Salimos a pie desde la ruta 81 con rumbo Noreste, subiendo una tras otra las sierras, hasta que llegamos al Castillo de Batlle donde pasados de calor nos refrescamos un poco y nos deleitamos con la vista de las sierras, “la verdad que el amigo Batlle no era ningún bobo para elegir” la vista era increíble para el lado que se mirara.

Estábamos a unos 300 metros de altura con toda esa naturaleza a nuestros pies y el viento que no dejaba sudar la piel, allá arriba todo era paz y armonía, rodeados de sierras que pintaban de grises y verdes el horizonte.

Ya llevábamos como 10 km hechos con mi compañera Claudia que se había largado a acompañarme, sin ningún tipo de entrenamiento, y todavía nos restaban 10 km más, yo por dentro pensaba: “esta no va a aguantar”, pero lo cierto es que hasta ahí venía bastante bien y terminó igual que como empezó, sin dar muestras de cansancio.


En el castillo de Batlle Leo nos hizo tirar rumbos nuevamente y organizar nuestro retorno que sería por “Los tres Cerros”, mientras otros aventureros como Marcelo López se mandaron directo a la llegada, atravesando la espesura de las sierras, las cuales le dejaron las piernas como la camiseta de River, llenas de rayas coloradas.

Nos fuimos metiendo en cuanto campo había, por suerte era hora de la siesta y zafamos de algún que otro balazo.


Fuimos caracoleando entre las sierras buscando las zonas menos densas de vegetación, rumbeando hacia el arroyo Mataojo y la ruta 81. Cuando llegamos al arroyo lo cruzamos por un alambrado,” ah sí, cosa de no mojarnos las patitas”, éramos hasta prolijos y todo, taba bien lo de aventureros, pero no hay que perder los vicios de la gran ciudad.



Finalmente llegamos al camping de Aguas Blancas, donde nos esperarían unas ricas hamburguesas.

Luego del almuerzo/cena el resto de los compañeros se fueron yendo de a uno y ahí quedamos con Claudia y con el amigo Leo que pasaría allí la noche también.

El sol se fue metiendo de a poco, pidiéndole permiso a las sierras, regalándonos un naranja pálido, mientras las estrellas se iban dejando ver de a poco entre los eucaliptus.

Ya era hora de dormir, allí la naturaleza es quien marca los tiempos de la vida, no hay compus, ni teles, ni timbres solo mansedumbre que invita a descansar.

Así que nos fuimos temprano a la cama, pues al otro día nos esperaba la Transierras, y había que reponer energías después de esos 20 km de trekking entre las sierras.

Con respecto a esa última parte del curso que hicimos en Aguas Blancas, fue la mejor parte de las tres que tenía el curso. Por momentos no parecía que estuviéramos recibiendo un curso de orientación, sino un paseo entre amigos, con la única excusa de dejarse llevar por el encuentro casi a escondidas con la naturaleza.

Con respecto a la organización, fue excelente, tuvo todo lo que tenía que tener una actividad pedagógica: materiales, buena organización de los tiempos, evacuación de dudas para los que estábamos más perdidos y a veces simplemente silencio por parte del profe que ex profeso o no, nos permitía encontrar soluciones por cuenta propia.

También hubo un buen manejo de la información teórica, relacionándola siempre con lo práctico mediante actividades y consignas que fueron siempre enfocadas en tal sentido.

Desde mi rol de educador considero que las buenas clases son aquellas que quedan latiendo un tiempo luego que la clase termina, a mí y a Claudia nos sucedió eso, todavía hay frases o imágenes que aún andan dándonos vuelta en la cabeza.

Fue un sábado redondito, aprendimos un poco más del deporte aventura, entrenamos y disfrutamos a pleno del encuentro con la Pacha Mama, ese imprescindible cable a tierra que tanto le hace falta al ser humano.

Sol, campo, viento, sierras, cielo, pájaros, vacas y algún que otro arroyo, cuantas cosas de las que no se venden y no encontramos en ningún Shopping.

En la aparente monotonía de la sierra, donde todo parece lo mismo, si uno se detiene a observar el suelo hay fresas que se abren al sol regalándole perfume al viento, hay cuevas de alguna que otra mulita, hay aguadas que van dejando caer de apoco hilos de agua que allá abajo se transforman en arroyos de un agua tan fría como sacada de la heladera.

Con los años estoy aprendiendo a disfrutar cada vez más de la naturaleza, y a apreciar esa mezcla exquisita de sencillez y complejidad que tiene lo agreste, donde todo parece perfecto.

En las Si

sábado, 15 de agosto de 2009

La Hidratación en el Ciclismo



La hidratación del ciclista

La actividad sobre la bicicleta, como toda actividad física, supone una quema de energía la cual produce calor, la sudoración es la forma natural del cuerpo de regular la temperatura corporal.
Bajo el sol, a altas temperaturas, el cuerpo del ciclista puede llegar a perder hasta 2 litros de sudor por cada hora. Esta cantidad de agua perdida debe reponerse ingiriendo agua y sales minerales o preparados de azúcares antes, durante y después de cada etapa.


Generalmente las cifras que se manejan en cuanto a cantidad de líquido aconsejable son las siguientes:


Antes - Cerca de medio litro hasta prácticamente media hora antes del comienzo.
Durante - Aproximadamente un litro por cada hora. 150 ml cada 5-10 minutos es una buena cantidad.
Después - Deberemos seguir ingiriendo líquidos para mantenernos hidratados, junto a alimentos sólidos.


Normalmente uno no suele llevar más de un litro encima cuando sale a pedalear, pero en la medida de lo posible se recomienda cumplir lo anterior. Durante una carrera o marcha no dejemos pasar por alto el avituallamiento, es la ocasión ideal para reponer nuestros bidones y a nosotros mismos de agua.


Algunos estudios han demostrado que un buen sabor en la bebida sumado a una temperatura idónea (más bien tirando a fría) aumenta la ingesta de líquidos. Un gran aliado puede ser los bidones térmicos, que retardan el calentamiento de la bebida en verano, o un CamelBack, que es una bolsa de agua dentro una mochila que se lleva a la espalda y en la cual caben unos 3 litros de líquido que se extraen mediante un tubo.


Si no tomásemos nada, la deshidratación perjudicará nuestro rendimiento y salud considerablemente, pudiendo provocar calambres en los músculos y, en casos extremos, la muerte. Independientemente de las cantidades de líquidos recomendadas un consejo muy popular es el de beber antes de llegar a tener sed.

Fuente: http://www.ciclismoenred.com/entrenamiento_hidratacion_ciclismo.php

jueves, 13 de agosto de 2009

Crónica de la 9ª Etapa de AAU (por Pablo Lapaz)


Llegamos a COVISUNCA con Claudia con la firme convicción de dejarnos llevar por una mañana de domingo, las intensiones eran varias: sentarnos a un lado de la carrera a disfrutar de ver pasar y pasar corredores mientras tomábamos unos mates calentitos, otra era acompañar a algunos de los corredores en bici, y la última era correr. Finalmente ganó la última.

Eran uno de esos días en los que simplemente no habían ganas de correr, pero a minutos de empezar me encontré con algunos compañeros de ruta y mi compañera Sair Silva que terminó siendo la excusa perfecta para trotar un rato con alguien al lado. Entonces le pregunté: ¿querés que te acompañe Sair y la hacemos juntos?, “si dale” dijo, “que bueno” pensé y ahí no más armamos equipo.

Ella se entreveró con los demás corredores y tranqui tranqui yo salí al final de todo, lo cual me dio tiempo y espacio para mirar a todos esos corredores de atrás de todo, que tantas ganas le ponen a cada paso y que van con sus rostros apretados, dejando ver esfuerzo y entrega a cada paso.

Algunos iban charlando, otros a los 200 metros ya no hablaban, otros antes de los 500 metros ya iban tomando agua y algunos con el seño fruncido y la cara colorada se dejaban llevar por bajada.

Al final de esa caravana también estaban los que iban saludando para los costados y pidiendo aplausos al público, como si aquello fuera un desfile de carnaval, ja ja ja, con una sonrisa de oreja a oreja sin mostrar cansancio alguno.



Al rato, apuré el tranco para alcanzar a mi compañera Sair, a la cual pesqué a los 1000 metros. Como no puedo con mi condición de docente fui dándole algunos consejos para mejorar su rendimiento, yo estaba feliz llenándome a cada bocanada de esa parte social que tiene el deporte.

Ahí fuimos juntos, paso a paso, perdiéndonos en la mansedumbre del Parque Rivera, escoltados por esos eucaliptus añejos y ese lago hermoso que tiene escondido el parque.

A los 4km mi compañera empezó a acusar cansancio, pero por suerte hicimos la primera pasada por Covisunca, donde había público alentando, cosa que nos vino bárbaro para no decaer. Por allá más adelante, Sair pasa a una compañera, que según ella siempre llega antes, ahí me comenta: “no lo puedo creer siempre voy atrás de ella”, yo pensé “ta` es la excusa perfecta para exigirle un poco”, ahí le pregunté: “¿querés salir adelante de ella?”, a lo cual respondió afirmativamente bajando esa cara roja de esfuerzo.

De a rato le decía bueno vamos a apurar un poquito, “pa`que!”, allá salía expresa ja ja ja, yo le gritaba: pará pará que todavía falta, “¡que fenómena esta compañera!”, cansada daba pelea con lo último picando y todo.

Ahí fuimos remando remando para mantenernos al frente de aquella competidora, cosa que por momentos se complicaba, pero a falta de 1 km fuimos aumentando el ritmo y cuando entramos a la cooperativa ya le habíamos sacado más diferencia, ahí pensé: “ta` es ahora o nunca”, aumentamos el ritmo y la verdad que se portó como una leona, rematando a puro pique.

Finalmente esa diferencia de 30 metros que llevábamos con la otra corredora la ampliamos a 150 metros, toda una proeza de Sair, yo veía que mi compañera aumentaba el tranco y me emocionaba creo que más que ella, estaba feliz, al final entendí porque estaba ahí.

Muchas veces en esto de correr necesitamos encontrarnos con el otro, con su entrega, con su esfuerzo y hacerlo nuestro, dando y recibiendo a cada bocanada un instante mágico que nos mantiene vivos y latentes.

El domingo pasé una excelente mañana, fui muy feliz de ver el fruto del esfuerzo de Sair, ”¡cosa extraña en esto de correr!”, pero hay cosas que solo se dan cuando nos dejamos llevar por lo que sentimos. Muchas veces soy muy competitivo, principalmente conmigo mismo, tratando de mejorar mi rendimiento, este domingo me olvidé de la competencia y el goce vino solito, no fueron otros 10 km, sino una hora de dicha compartida.