martes, 7 de octubre de 2014

Crónica de la Half Mision 2014 por BERNARDO FRAU



Crónica realizada por Bernardo Frau



Short y Half Mision – 4 y 5 de octubre 2014, San Javier Yacanto, Córdoba


Estas dos carreras, de 40 y 80 km respectivamente, son parte de un tríptico que completa su hermana mayor, La Misión (160 km), organizadas todas por Jorge “Guri” Aznares desde hace ya muchos años, creo que diez. Originalmente las dos distancias menores se corrían en fechas separadas y en provincias distintas, ahora se unificaron por motivos comerciales comprensibles. Hace un par de años inauguraron “sucursal” en Brasil, donde también tienen lugar las dos distancias menores.

La Half –y ahora la Short- siempre tuvo como sede el hermoso y felizmente quedado en el tiempo, pueblo de San Javier Yacanto, en la zona llamada “Traslasierra” en la provincia de Córdoba. Lo de “tras” la sierra es visto desde Buenos Aires, o sea que para ir desde la capital hay que atravesar las serranías cordobesas donde precisamente, tiene lugar la competencia. Dentro del pueblo, la sede de la carrera y su punto de llegada es el Hotel Yacanto, sobre el cual voy a detenerme un par de párrafos antes de ir al grano. Y lo haré porque a mí me gusta irme por las ramas, supongo que por la herencia chimpancé que todos tenemos. El Hotel Yacanto fue construido por los ingleses como sede para sus gerentes e ingenieros que construían la red de ferrocarriles en Argentina. Luego pasó por algunas manos hasta que terminó en las de los actuales propietarios que ya llevan dos generaciones a cargo del mismo. Tiene una notable cancha de golf que yo no uso porque siempre me dije que ese deporte lo empezaré a practicar cuando no pueda dedicarme a los deportes en serio, cuando sea grande. Not yet. Pero pasear por esos “grines” (con calzado adecuado, para no hacerle daño) da mucho placer. El Hotel supo contar entre sus huéspedes a Manuel Mujica Láinez, personaje argentino de la literatura –además de escritor, pero sobre todo, personaje. Yo siempre que ceno o almuerzo en su restaurante veo a Don Manuel con alguno de sus efebos, su sombrero Panamá ladeado, y una libretita de tapas gastadas donde anota ideas para “Bomarzo”. Todas las estancias del Hotel son poco luminosas, casi lúgubres, pero es que la luz no era un valor cuando los ingleses construyeron estas instalaciones. Todo anda, inodoros, duchas, canillas, pero todo huele a viejito, al baño ya no de nuestras madres sino de nuestras abuelas, donde la bañera tiene patas y la cadena del WC es eso, una cadena.

Las bondades del Yacanto no se limitan a ese viaje fundacional hacia el pasado, hacia los tiempos de Láinez y mi abuela Maruja, sino que se complementan con la amabilidad del personal, que te presta lo que precises, desde termo a bandas elásticas, pasando por aguja, impresora, tijera, lo que pidas. Y la honestidad de su dueño. Cuento dos cosas que me pasaron al hacer el “check out” (odio tanto anglicismo en el que tan fácilmente yo mismo caigo). Dos brasileños querían pagar su reserva de internet en efectivo. 99 de cien hoteleros argentinos le hubieran gustosos cobrado el importe indicado, en cash. Pues en el Yacanto le cobraron mucho menos, porque los dólares del recibo de internet son oficiales, no reales o billetes y por tanto quien paga en billetes debería ser cobrado mucho menos. Esto solo ocurre, claro, en el Yacanto. Y nosotros sin aviso previo nos fuimos un día antes, pese a tener reserva. Sin pedir nada, nos descontaron ese tercer día. Innecesario decir que en cualquier otro hotel del país nos habrían dicho “sorry man, vos reservaste, me avisás a las seis de la tarde, lo siento, hacete cargo” Y no les habría faltado razón.



Así que luego de ese pequeño aviso comercial que el Yacanto merece, vamos a lo nuestro.

Dos cosas Ud. ya sabe. Tocó un clima sumamente hostil y yo abandoné. Pero no lo voy a dejar con un resumen tan sucinto, don´t worry, me expandiré bastante más. Empecemos por decir que en mi abandono la organización no tuvo ni uno por ciento de responsabilidad, nada de nada. Yo subestimé la carrera (la soberbia, el pecado capital del que nunca he conseguido librarme) por las varias veces que la corrí, porque acababa de completar la TDS en los Alpes europeo y supongo mi dije a mí mismo: “Berni, la corrés en un pie solo”. La realidad estuvo muy lejos de eso. El Señor, con un cachetazo sonoro, me puso en mi lugar. Me equivoqué al agarrar las zapas del placar y me fui con zapatillas de playa con agujeros –no están rotas, son así porque son de playa, de verano- en ambos lados. Lo más inapropiado para lodazal con frío que se pueda uno imaginar. Recuerde que toda la noche anterior a la carrera y la misma mañana –largó a las 13.40- llovió como en Macondo (para comprender la metáfora, plis remítase a “Cien años de soledad”). Además, no llevé polar porque iba a correr la Short y no lo requiere obligatoriamente, pero luego me cambié a la Half. Y por estupidez, tontera, torpeza mental, no me puse los guantes sino cuando ya era demasiado tarde.

Así, sin guantes, con zapas que eran poco más que ojotas –no exagero- y sin polar, yo tenía las mismas chances de atravesar los -10 / -15 grados centígrados de sensación térmica –tengo la firme convicción de no estar exagerando- que hacía en el plateau, que los Boy Scouts Católicos de vencer al Cuerpo de Marines de los EEUU. Estaba condenado, como los mártires de Chicago antes ya del juicio.

Me quedó solo como consuelo que un grande como es Paul Petersen abandonó también allí, así como una veintena más de corredores. Estimo que fuimos 22 los que abandonamos aún antes de llegar al camino que está sobre el plateau o altiplano. Petersen, este servidor y esos otros 20 tenemos el triste privilegio de tener el récord mundial de abandono prematuro: apenas 14 km después de la largada, shame on us, como dirían los anglosajones. Pero “buá, que se le vasé”, habrá que incrementar las sesiones de terapia estas semanas y seguir “palante”, otra no hay. Muchas veces he caído, en el atletismo y la vida, otras tantas me he levantado pues siempre hice tripa de los versos de ese gran poeta argentino –al que mi hijo Federico admira tanto- que fue Almafuerte:

Si te caes diez veces te levantas,

otras diez, otras cien, otras quinientas.

No han de ser tan violentas tus caídas,

ni tampoco, ¡por Dios! han de ser tantas (*)



Continuemos entonces con la carrera, ahora ya sin mí en ella: llegados al plateau, los corredores encontraban el PC1, donde se separaban las dos distancias. Aquí se produce el primer error de la organización: no había en el PC1 absolutamente nada para ingerir, o sea, ni bebida ni comida. Ni té, ni sopa, ni pizza, ni empanadas, ni frutas, ni barras, ni isotónico, ni fiambre, ni queso, ni pan, ni siquiera agua fría: nada. Nothing at all. Rien de rien ¿cómo más puedo definirle el vacío, la nada? Restos de cáscaras de banana indicaban que había habido fruta al principio, pero en cantidad muy insuficiente ya que las mismas habían sido agotadas por los corredores de élite.



Esta carrera cuesta, peso más, peso menos, lo mismo que las del Monte Blanco. Si quiere saber cómo es un puesto del UTMB leas mis relatos de esa carrera, en mi blog hay tres. Baste decir para resumir que en su casa, Ud. no come como en un puesto del UTMB. ¿Preciso agregar algo más? Justo es decir, aquí en la Argentina Patagonia Run tiene idéntico nivel en sus carreras, por lo que no es necesario ir a Europa para encontrar organización de primer nivel. Dicen que el Club de Corredores en el Desafío The North Face (TNF Challenge) también, pero este no lo he probado personalmente.

Llegados a este punto, los corredores de 40 km debían descender hasta la llegada. Abandonar en el plateau no es una opción (salvo que uno se fracture cuyo caso sí, lo evacuarían hacia el este) pues no hay camino de auto hacia Yacanto, simplemente no existe. El que no exista la posibilidad de abandonar en caso de extrema fatiga a mí me parece una falencia organizacional no menor.

Queda pues claro que todos los que aparecen como finishers de 40 km en el sitio web, lo son sin la menor discusión posible. Las cosas no son tan claras en la de 80 km, y a eso vamos.

Un grupo de corredores de 80, viendo –o mejor dicho, sintiendo- el frío tremendo, decidió continuar por el circuito de 40 km. Sabia decisión creo yo, porque soldier que runs away, sirve para otra battle, como dice el dicho. Pero algunos de ellos pidieron ser considerados finishers de 40 lo que no hace sentido. Cuando uno se ha inscrito para correr X km, cualquier cosa que no sea completar esa distancia es ser DNF. Uno no se cambia de distancia en la mitad de la carrera. La organización no hizo lugar a esta solicitud e hizo lo correcto.

Un grupo de 25 corredores completaron la totalidad del circuito de 80 km y es evidente que son legítimos “finishers” de esa distancia. Otro grupo de aproximadamente 60 corredores, llegados a la cumbre del Champaquí, les fue indicado que no podían continuar dado que las condiciones eran tan tremendas que los muchachos que la organización pone cada tanto o aún en los puestos de control, se habían ido a sus casas. Lo que estos corredores fueron impedidos de hacer fue el descenso de la cumbre del Champa a PC2, desde allí a PC3, el retorno a PC2 y la subida a la cumbre del Champa nuevamente. Yo estimo que esto toma unas 6.30 h, o sea, les cortaron la carrera en un tercio. Pero cuando el corte es decisión de la organización y motivado por seguridad, no puede afectar a los corredores. Por tanto, tampoco hay ninguna duda de que estos 60 corredores son legítimos “finishers”. El circuito que hicieron es el que el sitio web denomina “circuito alternativo 2”

Las cosas comienzan a ponerse polémicas con los dos grupos que quedan, a saber:

Grupo A: Un grupo de corredores recibió instrucciones confusas, cambiantes, nada claras, de la persona de la organización en la cumbre del Champa. Probablemente porque llegaron antes que los 60 del grupo anterior y la persona allí apostada no había aún recibido instrucciones claras. La carrera estaba “stand by” o “suspendida” o “cortada” o “cancelada” según con qué persona de la organización se hablara. A algunos de estos les dijeron que estaba “neutralizada”, término muy chic y militar pero que no significa nada concreto. Nadie sabía ni sabe hoy, exactamente qué quería decir cada uno de esos términos porque, claro, la carrera no tiene un glosario ni nada que se le parezca.

Como consecuencia, pensaron que no podían continuar y retornaron. Considerándose DNFs, se subieron a un vehículo para retornar más rápidamente. Es claro que esto nada tiene de trampa, yo también me habría subido a algo una vez abandonado si algo hubiera pasado a mi lado, pero no tuve esa suerte. Pero también es claro que subirse a un vehículo es causal de abandono se lo mire por donde se lo mire. Pues pese a lo que acabo de contar, la organización los dio por “finishers” (inicialmente estaban como DNFs, fueron cambiados). Yo creo que Aznares nos debe a todos los corredores una explicación de por qué dio por “finishers” a quienes hicieron parte de la distancia en auto. Yo se la pedí, al día de hoy no he recibido respuesta.

He aquí otro error de la organización: ausencia de un protocolo de comunicación formal como procedimiento para cortar o suspender una carrera. Nadie sabía si la carrera estaba cancelada o cortada o demorada o cual era su estado. Muchos corredores escucharon a los miembros de la organización presentes en el plateau, en el medio de un camino, increpar (“reputear en cinco idiomas” para decirlo con más claridad) por radio a Aznares por la falta de instrucciones. Esta anarquía es preocupante sin duda.

Y otro error más: No era obligatorio llevar radio pero si un corredor quería llevarla podía hacerlo y para ello la organización le proporcionaba las frecuencias de emergencia. Un amigo mío quiso usarla para averiguar sobre el estado de la carrera, si continuaba o no, y sin dejarle pronunciar palabra (podía haber querido reportar una fractura o aún algo más urgente) le dijeron: “Por favor despeje le frecuencia” y le cortaron. ¿Así tratamos las emergencias?

Grupo B: Lo integran 25 corredores que en el Champaquí hicieron todo, o sea PC2 y PC3 igual que los otros 25 que completaron la totalidad del circuito. Pero ya en la bajada, perdieron unas marcas y en lugar de seguir la trayectoria correcta, tomaron un atajo. Y no un atajito, sino un “atajazo”, o sea, acortaron varios km. Un taxista del pueblo estimó la distancia ahorrada en 10 km, si esto es cierto son aproximadamente dos horas. Aclaro la ocupación de quien hizo la estimación porque si hay alguien que distingue dos km de cuatro, son los tacheros pues cobran por km. En todo caso, no sería nada complicado saber cuánto menos corrieron comparando sus GPS con los de los corredores que corrieron sobre la trayectoria que debía seguirse.

No vale el argumento de “las marcas estaban mal puestas o no eran claras” pues cientos de corredores, todos los de 40 km y 100 de la de 80, pasaron por allí sin extraviarse. La organización denominó a la distancia que corrió este grupo “circuito alternativo 1 (CA1)” lo que es un error. El CA2 sí era una alternativa porque fue decidida por la organización. Un error de un corredor NO genera un nuevo circuito, caso contrario cada uno corre el circuito que quiere y todo vale. No perder las marcas es parte de la carrera de aventura y si se pierden uno tiene dos posibilidades: volver sobre sus pasos y retomar, cuyo caso habrá perdido tiempo pero será legítimo finisher, o no hacerlo y ser DNF. No hay terceras alternativas. El “dibujo” que hizo la organización se parece mucho al que hizo Sebastián Tagle en el Cruce de los Andes hace ya varios años: en esa ocasión los cuatro punteros perdieron marcas y se extraviaron, volvieron sobre sus pasos y completaron la carrera, pero ya no pudieron ganarla, alguien había llegado antes. Tagle sacó un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) y les descontó arbitrariamente un tiempo a los cuatro punteros por el extravío –que era de responsabilidad exclusiva de los cuatro corredores- que terminaron así “ganando” el Cruce. Obviamente, el legítimo ganador fue injustamente despojado de su triunfo. Aquí pasó lo mismo: una persona del grupo A y cuatro del B integran un podio que no les corresponde, premios que eran para otras personas.

Según la organización, abandonaron 143 en las dos carreras y completaron una u otra 274 corredores. Esto hace un abandono del 34 % que en realidad fue mucho mayor si sumamos los grupos A y B que como he explicado, son también abandonos. El porcentaje de la TDS este año fue 32 %, el del UTMB 35 % como referencia. Si abrimos esta cifra por carrera da 17 % para la Short, número razonable y… ¡48 %! Para la Half. Y esto considerando a los grupos A y B como finishers que no es real. Si tenemos esto en cuenta, y dado que hubo 25 corredores en el grupo B y unos 10 en el A (cabían en una camioneta, no pueden ser muchos más), esto da nada menos que 64 % de abandonos para la Half. Un número altísimo que hace que uno deba no diría rendir homenaje que suena too much, pero sí felicitar de corazón a los amigos que completaron correctamente la carrera (el grupo de los 25 y el de los 60). En mi vida solo recuerdo un guarismo superior. Fue en una Conquista tu Cumbre (CTC) en La Payunia donde alcanzó 75%. Desde entonces Pablo Bravo, el organizador de CTC ha morigerado la exigencia que era entonces descomunal.

Quizás alguno de los corredores de los grupos A o B haya recibido esto con sorpresa y desagrado y termine pidiendo a la organización que se le retire el regalo inmerecido que se le ha hecho considerándolo “finisher” y en cinco casos, podio. Sería saludable que ocurriera pero hasta el día de hoy, nadie lo ha pedido que se sepa. Y esta situación me trae a la memoria una similar que le ocurrió a ese gigante que fue y es –porque aún vive, aunque el inefable Boudou lo dio por muerto en un discurso reciente- el golfista argentino Roberto De Vicenzo. En 1968 estuvo a punto de ser coronado campeón del Masters de Augusta. El torneo estaba ya terminado y la copa y el cheque camino a su estantería y a su bolsillo. Además, iba a ser el primer argentino y el primer latinoamericano en ganarlo. Pero por error de alguien, le habían contado un golpe de menos que, de ser contabilizado daba la victoria a otro jugador. De Vicenzo no dudó un instante en levantar la mano –pese a que solo él y su caddie sabían lo del golpe de más- y pedir que se le cargara ese golpe olvidado y perdió. Por eso lo recordamos, por su ética, no por el hándicap.

Ya no hay De Vicenzos, queda claro.

¿Debió Aznares cancelar la salida de la carrera? Francamente, pienso que no. La lluvia había cesado, el cielo parecía abrirse, la temperatura en Yacanto era buena y no había mucho viento. Es claro que los ríos estaban cargadísimos pero en toda la carrera se cruza solamente un arroyo que no llegó a la cintura. Yo también hubiera largado la carrera.

¿Debió Aznares haber cancelado la carrera? Sí. Cuando le llegaron los reportes de las condiciones en el plateau, debió haber dado la orden de que nadie pasara del PC1 y todos hicieran el circuito de 40 km. Pero aún más importante, la orden que fuere, debió ser la misma para todos los colaboradores de la organización, asegurarse que todos la recibieran, y ser clara y de interpretación sin ambiguedades. Esto no fue ni remotamente el caso.

El día después de la “batalla” fue calmo, soleado, sosegado y en modo alguno parecido al de la víspera. Lo pasamos todos mateando al sol y, claro, diciéndonos los unos a los otros: “Si la carrera hubiese sido hoy y no ayer…” Sin duda que con el tiempo del día siguiente los abandonos hubieran sido muchísimos menos, sin duda que yo no habría abandonado y todo habría sido grato y memorable. Pero yo no habría aprendido la lección de humildad que me dio el Señor y la de equipamiento que me dio el frío. Hubiera tenido un DNF menos –llevo cuatro en 15 años- pero no hubiera aprendido esas dos cosas valiosas. “Me quedo con lo que realmente pasó aún si hubiera podido elegir” me dije para mi entretela mientras agarraba un cimarrón que me acababa de cebar Carina y empezaba mentalmente, a escribir estas líneas que aquí terminan.

P.D. Al llegar a Yacanto y reencontrarme con mi amada Cari, ordené una botella de champaña. Porque un general francés –Napoleón, ¿quién más?- que sabía de victorias y derrotas dijo una vez sobre esta noble bebida: “Dans la victoire je le mérite dans la défaite j en ai besoin” (“En la victoria, me la merezco. En la derrota, la necesito”)

(*) El poema no es textualmente el que cito. Yo lo corregí porque me parece que Almafuerte no estuvo feliz en todo y que así queda mejor.

Y hablando de poemas, mi Cari que además de musa mía es poeta ella misma, al enterarse de todo lo que pasó escribió estas líneas que me han hecho desternillar de risa:

La Half Misión esta vez,

fue una auténtica aventura…

“Sorry si no todo anduvo bien”

dijo el Guri, con frescura.



El barro tapó las marcas,

el diluvio aguó la sopa.

El viento voló las carpas,

¿Se esfumó la Guri´s tropa?



El puesto muy bien provisto

con cáscaras de banana.

Ni té, ni café, ni agua,

¡Checórcholis de tu hermana!



Una misma competencia,

tres recorridos distintos.

Muchachos, ¡esto no es serio!

¿Se bajaron unos tintos?



Con trote, paso o gateando,

igual se arriba a la meta.

Si habrá formas peculiares:

¡Algunos en camioneta!



Si estas son las condiciones,

yo la próxima me anoto.

No pienso llevar bastones,

llegaré a la meta en moto.

     

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