miércoles, 22 de abril de 2015

Crónica Patagonia Run 2015 por Jorge Xavier



Las carreras de 10, 21, 42, 70, 100 y 120 Km que se corren bajo la denominación "Patagonia Run" en San Martín de los Andes, con la organización de TMX Eventos, son desafíos únicos para los corredores de senderos de montaña de todos los niveles, con terrenos fundamentalmente técnico, aunque también incluyen algunos tramos por caminos de tierra bastante limpios. En el caso de los 70 Km, esa combinación incluye tramos por zonas de bosques, cruces de cañadas, zonas con piedras, pero en particular, trepadas y bajadas de la montaña con pendientes bastante fuertes, totalizando un desnivel acumulado positivo de 3.140 mts. Puede decirse que más que una carrera, es una prueba de resistencia, donde hay momentos en los que el cuerpo y la mente piden clemencia. Esas zonas incluyen paisajes únicos, inolvidables, que hacen que esta ultramaratón de montaña sea de las que más público atrae en la región.
Un corredor vasco de la mítica distancia de 100 millas, cuando le preguntaron por la razón de su pasión por el ultramaratón de montaña, señaló que durante este largo peregrinar en contacto con la naturaleza más pura y dura, es común enfrentar momentos de “muerte” y de “renacimientos” casi milagrosos, y que eso las hace particularmente desafiantes. Tiene mucho de razón, y lo podemos decir quienes hemos pasado por esas situaciones. Es muy difícil poder transmitir esas sensaciones, cuando lo que realmente importa es “vivirlas”, ya que siempre corremos el riesgo de quedarnos cortos en la descripción, sonar poco creíbles para los más escépticos, o incluso caer en la pedantería de creernos “especiales”. No se preocupen, la montaña pone a todos en su lugar. La única manera de confirmarlo, es viviendo una de estas experiencias. Lo recomiendo especialmente.

Jean Paul Sartre decía que “estamos condenados a ser libres”. ¡Y vaya si lo somos en estas aventuras! No debe haber sensación de mayor libertad que la que se experimenta en la cima de una montaña, con una vista espectacular, después de haber puesto nuestro cuerpo y mente al límite, hermanados con otros “locos” cuyos nombres no sabemos pero con quienes con seguridad nos conocemos por compartir una misma pasión,  que se transforman a partir de estos momentos, en verdaderos compañeros de la vida.

La carrera transcurre dentro del Parque Nacional Lanín, con una belleza singular. La organización pone especial cuidado con la limpieza y la disposición de la basura que generamos, al extremo que además de exponerlo por escrito, lo reitera en forma verbal hasta el hartazgo y toma las medidas necesarias para que todos respeten normas elementales de cuidado de la naturaleza. Además de los contenedores en los puestos de asistencia, unos 100 metros después también había otros para que los “rápidos” que no tuvieran tiempo para deshacerse de los envases, pudieran dejarlos allí. Recuerdo al Doc Parada –director técnico de la carrera- pidiendo que no lo aplaudieran por su apelación a la colaboración de los corredores en la charla previa obligatoria, ya que con seguridad igualmente iban a encontrar mucha basura en los senderos… El reglamento establece que arrojar basura en el circuito, es causal de descalificación. Encontré mucha basura en el circuito, en particular envases en los tramos finales del recorrido…¿Cuándo aprenderemos que a la naturaleza hay que respetarla y cuidarla?

Otro comentario en relación con la carrera. Sin lugar a dudas, su nivel de organización y atención es de primera, lo más similar a la mítica UTMB que tiene como base a Chamonix –la capital mundial del deporte de aventura- en Francia. Quizás la única diferencia sea la limpieza de los senderos, ya que en el Mont Blanc se corre por tramos donde diariamente mucha gente hace senderismo, y los puestos están en villas o pueblos de montaña “de nivel europeo”, cosa impensable en el sur de Argentina. Pero en profesionalismo, cordialidad y atención, sin dudas el equipo de Patagonia Run tiene muy poco para envidiarle.

El año pasado corrí los 85 Km, distancia que en esta oportunidad se cambió a 70 Km. Considerando mi participación en La Misión a mediados de febrero, decidí hacer esta distancia como parte de la recuperación y entrenamiento “exigente” para la Transalpine Run que disputaré a fines de agosto y principios de setiembre, junto a Pablo Lapaz.

De mis compañeros de aventuras, Douglas Hernández largó los 120 kmts. a las 21:30 horas del viernes, en tanto Andrea largó los 100 kmts. a las 0:00 del sábado, en tanto los demás -Caroteno Chabalgoity, Susana Dalmás, Julio Sosa y yo largamos a las 06:00. Ya en la noche del viernes palpitábamos a pleno el clima de carrera. Tomamos el transporte al Regimiento de Caballería de Montaña junto a los amigos de Correcaminos, así que esa camioneta podría considerarse la de los uruguayos. En la previa en las instalaciones del Regimiento –con una atención de primer nivel- encontré a Leo Marino, el amigo argentino con quien hicimos los últimos 25 kmts el año pasado.

El Plan de Carrera trazado respondía al siguiente detalle, reflejando un tiempo total estimado de 15 hs 24 minutos:


Cuando arrancamos con “Caroteno”, Susana y Julio exactamente a las 6:00 AM, había una temperatura de 6 grados, pero que se hacían muy tolerables, al extremo que usaba una camiseta 2ª piel y la remera de carrera. Ya el primer tramo se hace en subida, donde de a poco Caroteno se fue adelante en tanto Susana y Julio quedaban atrás. Con la oscuridad de la madrugada, alcanzamos el primer puesto de hidratación a los 6 Km (Rosales), donde cambié mi botella de Powerade y continué a ritmo sostenido. Después de algunas subidas y bajadas por senderos en el monte, alcanzamos el punto más alto de este tramo -1335 mts.- ya con los rayos del sol iluminando el recorrido y una espectacular vista del Lago Lolog. No tenía claro dónde venían Susana y Julio, en tanto Caroteno se había ido adelante con Juan Olascoaga –Correcaminos- y no lo había vuelto a ver.

En cada PAS hay un enorme cartel que indica –para cada distancia- el kilometraje recorrido y cuánto falta, señalando las distancias y la altimetría entre cada uno de los puestos. Además, en los senderos a falta de 2 km para el siguiente puesto, un cartel así lo indica: “PAS a 2 km”. Lo dicho antes: organización de primer nivel.

En el Km 16 alcancé el PAS Rosales, ingresando a CORFONE (Corporación Forestal Neuquina), donde decidí alimentarme y revisar mi pie derecho, ya que estaba sintiendo una molestia en uno de los dedos generada por el roce. Volví a ponerme un poco de cinta, y esperé un poquito la llegada de Susana y Julio. Casi junto a ellos, llegó también Berni Frau, con quien nos sacamos una foto “de los uruguayos”, y conversamos sobre los tiempos que traíamos comparados con las estimaciones de la planilla “fraudiana” (sí, la de Frau), que en mi caso eran de aproximadamente una hora menos de lo esperado.

A los 22 kmts sentí un pinchazo en el dedo que había curado, mientras avanzábamos por una zona bastante plana. Les dije a mis compañeros que muy posiblemente tenía una ampolla y se habría abierto… con un dolor persistente, avanzamos hasta el PAS Colorado -25.5 kmts- donde mientras Susana se cambiaba, fui a que me atendiera un paramédico. Julio me alcanzó una sopa y una deliciosa empanada calentita. Tenía una muy pequeña herida, que fue cubierta con la cinta que llevaba. La fiesta que se vivía en ese PAS es digna del mayor elogio, con todo el personal de asistencia ofreciendo alimentos y bebidas con muy buena onda, mientras te alentaban permanentemente y sonaba fuerte una música que invitaba a bailar (Fabulosos Cadillacs, Auténticos Decadentes).  No solamente dejé toda la ropa que había enviado en la bolsa, sino que además descargué mi mochila entregando la campera The North Face, un gorro, guantes y una camiseta térmica, ya que si no los había necesitado en ese primer tramo, con seguridad no lo iba a hacer en los siguientes.

Desde allí sigue la senda Vázquez, ondulante con bajada empinada hasta cruzar un mallín, con la muy agradable sensación de ir pisando un muy suave terreno, que cede levemente ante nuestro peso amortiguando la pisada. Desde este punto, siguió un descenso rápido por camino de ripio y senda hasta el PAS Quilanlahue (Km 34), ubicado en un enorme galpón donde aproveché para sacarme la 2ª piel y la remera de carrera, para ponerme la camiseta de Cantero Entrenamientos de manga corta. El año pasado estaba absolutamente rodeado de mucho barro, pues había llovido mucho. En esta oportunidad, la temperatura a mediodía era casi veraniega. Nos alimentamos y seguimos.
Desde aquí accedimos al PAS Coihue a 3 Km por una senda plana, donde nos juntamos con quienes estaban corriendo 100 y 120 Kmts, para enseguida emprender la muy empinada subida hasta la cumbre del Quilanlahue (1650 msnm), punto en el que completábamos 40.7 Km de carrera. Apelando a mi experiencia en subidas, fuimos avanzando con pasos cortos a ritmo sostenido. Casi al principio, alcanzamos a Dardo Parentelli –corría 100 Km- quien venía “muerto”. Casi enseguida quedó atrás, así que continuamos subiendo con Susana y Julio. Aproximadamente a los 1500 msnm, cuando ya estábamos finalizando la zona cubierta de árboles que el año pasado estaba todo tapado por la nieve, Susana y Julio me gritan que van a parar para alimentarse y descansar un poco. Como conozco el recorrido, les dije que estábamos a escasos 100 metros de terminar esa senda, para enseguida subir los últimos 100 metros de desnivel y alcanzar la cima del Quilanlahue, donde era mucho más lógico que se detuvieran a alimentarse. Así lo hicimos, y cuando estaba completando la subida –al ver al fotógrafo de la organización- le dije que iba a subirla trotando, para que así constara en el registro gráfico. Cansado, pero con algo de dignidad. Enseguida llegaron Susana y Julio, quienes –además de disfrutar del paisaje soñado- me “increparon” que los había engañado pues les había dicho que faltaban nada más que 50 metros. Nos divertimos un poquito, mis compañeros se alimentaron –yo estaba con algo de malestar estomacal- e iniciamos la bajada.

Iniciamos el retorno por una zona muy pronunciada –dije “muy pronunciada” y realmente lo era- así que si dudan, vuelvan a leerlo. La tierra y las piedras sueltas, más los entrenamientos de bajada en el Cerro de Montevideo, me permitieron “volar” en este tramo, donde superé a muchos corredores y no me pasó ninguno. Realmente iba muy fuerte, al extremo que Julio me comentó que me seguía con la vista y en un momento me perdió. Llegué nuevamente al PAS Quilanlahue (43 km), con 8 hs 55 min de carrera, en tanto Susana llegó 10 minutos después, y Julio 15 minutos. Eso me permitió alimentarme, hidratarme y descansar un poco. Nos quedaba un tramo de 8 km, y dos de 9 kilómetros cada uno para alcanzar la meta, en tanto algunos otros descansaban después de un muy duro esfuerzo, como es el caso de este corredor de 120 kmts.

Regresamos por un largo camino vehicular con permanentes subidas y bajadas, hasta llegar nuevamente al Mallín Vázquez y alcanzar el PAS Colorado (51.5 Km), tramo en el que intercalamos trekking y algún trote suave. En el PAS, la fiesta ya no era la misma que a la ida… al extremo que “reclamé” por la música que sonaba, demasiado “seria”. La calidez de la gente seguía siendo un aspecto altamente destacable, donde apenas uno se mueve alguien ofrece a viva voz, algún alimento o bebida, e incluso la colaboración para reponer bolsas de hidratación. Nos quedaban 18 kilómetros hasta la meta, así que estábamos alcanzando un desempeño algo mejor de lo esperado.

Llegando al PAS Bayos, ya nos instruyeron a que prendiéramos las linternas frontales, pues eran las 18:45 (aunque aún había más que suficiente luz solar). Las baterías de Susana dejaron de funcionar, así que le pasé un par de pilas usadas que llevaba. A los 62 Km, después de avanzar por sendas serpenteantes entre el monte y por el costado de la carretera de tierra, alcanzamos nuevamente una subida corta pero fuerte. Después de eso, nos quedaba un descenso sostenido por calles de ripio –donde a Julio le dejó de funcionar la linterna frontal, así que le pasé la que llevo de repuesto-, para posteriormente llegar a los suburbios de San Martín de los Andes, donde nos quedaban 2 kmts por calles de asfalto. En este tramo, en particular Julio venía sufriendo bastante el esfuerzo, así que se había retrasado unos metros, como me había pasado a mí en tramos anteriores.

Superamos a algunos corredores que caminaban en ese tramo, en tanto preparábamos la “estrategia de llegada”, que incluía el despliegue de las dos banderas, con Susana al medio y los dos “caballeros” en las puntas. Ya encarando los últimos 300 metros, les indiqué a mis compañeros que apagáramos las linternas frontales, pues la luz genera que casi no se nos vea la cara en las fotos que nos sacan. Dado que algunos corredores estaban llegando un poquito antes, Susana insistía en que nos frenáramos para poder salir en las fotos… pero aunque lo hicimos, igualmente nos acercábamos más y más, en tanto nos quedaban escasos 100 metros. Así que les grité a mis compañeros: “vamos que los pasamos y llegamos antes”. Picamos como si estuviéramos corriendo 100 metros llanos, y atravesamos la meta bajo las felicitaciones del relator que destacaba la llegada de los uruguayos. El emocionado abrazo de llegada es un fiel testimonio del trabajo en equipo. Inolvidable.

La estimación del tiempo total –de acuerdo con la planilla “fraudiana”- era de 15 hs 36 min (recuerden que el límite de tiempo para la distancia, es de 16 hs 30 min). Mi estimación “razonable” era de 15 hs., en tanto la más optimista era de 14 horas, ya que el año pasado había marcado 18 hs 08 min para los 85 km del recorrido. Lo completé en 14 hs 33 min, un 7.2 % menos que lo estimado, ocupé la posición 212 (entre 278) y 37 entre los 49 de la categoría Caballeros 50 – 59.

De los demás compañeros de aventura, Douglas se mandó una excelente carrera en 120 Km –sigue sorprendiendo-, Andrea fue cortada por tiempo en el Km 94 de los 100 Km ya que le faltaron 15 minutos para el corte-, en tanto Caroteno también tuvo un desempeño notoriamente mejor al esperado en 70 Km.

Lo ya señalado: ese abrazo con emoción, lágrimas y -sobre todo- satisfacción por el logro conjunto, es la mejor demostración del significado de "trabajo en equipo". Habla de convicción, fortaleza, fraternidad, alegría y -también- de dudas, temores y riesgos superados, apoyándonos mutuamente en los momentos más críticos para poder disfrutar de una muy rica historia, que contaremos a nuestros hijos y nietos, cuando nuestras piernas ya no quieran (o no puedan...) transportarnos a estos lugares mágicos.
120 Km
Los ganadores fueron Sergio Trecaman (Arg) con 14:26 y Luciana Urioste (Arg) con 17:32. Los corredores uruguayos alcanzaron las siguientes posiciones:
74 - Julio Fernández (compañero de Cantero Entrenamientos) - 23:34
92 – Carlos Douglas Hernández – 24:20
No completó: Angel Magliano

100 Km
Los ganadores fueron Sebastián Castellani (Arg) con 12:52 y Cyntia Terra (Bra) con 15:33. Los corredores uruguayos alcanzaron las siguientes posiciones:
17 – Pablo Lapaz (4º en la categoría) – 16:05
80 – Jorge Melgarejo – 20:05
115 – Dardo Parentelli – 21:08
146 – Andrea Montans – DNF (cortada por tiempo, en PAS Bayos).

70 Km
Los ganadores fueron Andrés Acebo (Arg) con 07:05 y María Clara Serino (Arg) con 09:19. Los corredores uruguayos alcanzaron las siguientes posiciones:
7 – Rafael Sánchez (3º en su categoría) – 08:32
31 – Alejandro Ferrari – 09:39
71 – Juan Olascoaga – 10:45
164 – Bárbara Melo – 12:21
186 – José A. Chabalgoity – 12:33
265 – Susana Dalmás, Julio Sosa y yo – 14:33

42 Km
Los ganadores fueron Sergio Pereyra (Arg) con 03:23 y Nelsa Valenzuela (Arg) con 04:27. Los corredores uruguayos alcanzaron las siguientes posiciones:
120 – Armando Núñez – 05:33
240 – Andrea López – 06:25
284 – Craig Williams – 06:47
354 – Pablo Soroa y Teresa Regusci – 07:04
406 – Marcela Kollar – 07:24
411 – Gabriela Ventimiglia y Richard de los Santos – 07:26
José Guisande – DNF

21 Km
Los ganadores fueron Alexandre Mauzan (Bra) con 01:42 y Gilda Flores (Arg) con 02:02. Los corredores uruguayos alcanzaron las siguientes posiciones:
58 – Mariana Muzzio (3ª en su categoría) – 02:30
79 – Ariel Vázquez – 02:35
335 – Fabiana Pavloff – 03:23

Alguna posición relativa puede haber cambiado –no así los tiempos-, ya que se han registrado algunos ajustes en los resultados oficiales.

Los intangibles
Con Susana y Julio, realmente hicimos un trabajo “en equipo”, sosteniéndonos mutuamente y empujando por turnos. Además de compartir los entrenamientos en El Cantero, hemos ido construyendo una sólida amistad a partir de los encuentros en estas aventuras. Con seguridad, después de esta excepcional experiencia, con esfuerzos y recursos compartidos, temores y riesgos corridos en conjunto, y –sobre todo- la emoción y la satisfacción de la meta conseguida, puedo afirmar con propiedad que nos une un vínculo inquebrantable. El paso del tiempo nos hará valorar especialmente estos logros. ¿Cómo olvidar las dudas y temores iniciales de Julio y la ilusión de Susana? Haremos memoria, y en nuestro mejor recuerdo estará siempre esa llegada apoteósica con las banderas uruguayas desplegadas. Las fotos servirán como testimonio, pero sin lugar a dudas los recuerdos que anidan en nuestras mentes y corazones serán la mejor recompensa. Quizás algún duende de esos que habitan en el monte y las montañas, pueda servirnos también como testigo, pero para eso deberemos ir nuevamente a buscarlo. Yo, estoy listo. De esto se trata la vida, de vivirla y disfrutarla al máximo. 




Fuente:   http://jxavierrunner.blogspot.com/

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