domingo, 7 de junio de 2015

Crónica de 50 K Indomit (Sao Bento do Sapucaí)




Era la última trepada para bajar al pueblo luego de casi 50 kms de un duro trail. El cansancio se hacía sentir pero el corazón estaba latiendo más fuerte todavía, como queriendo ahogar el cansancio.  En esa trepada con más ganas que nunca miré para atrás desde lo alto, podía ver a dos kilómetros a la redonda todo el recorrido que había dejado a mis espaldas; estaba sólo, no tenía a nadie detrás, lo que me dio un respiro y poder bajar un poco el ritmo para disfrutar de la llegada. Terminar despacio como para que todo ese idilio no acabara y poder dejarlo grabado lentamente en mi cabeza. Y así fue, miré ese horizonte verde exuberante y lejano, perdiéndome en un trote  por esa falda de pastizales que llegaban a las rodillas. Al llegar al pueblo me dirigí a la llegada donde me esperaba la última subida por calle.
A lo lejos visualicé el arco pero todavía restaba una vuelta como de 800 mts por el parque de la estancia. Finalmente ingresé en ese corredor estrecho formado por vallas. La tarea estaba cumplida, llegaba noveno en la general, aunque había sido séptimo hasta el 80 % de la carrera.


En la meta  estaba Andrés filmando mi llegada y  esperándome con una cerveza en lata bien helada, la mejor medalla luego de 7 horas de pelea. Nos sacamos una foto debajo del arco  con nuestra querida bandera y como fondo las majestuosas e interminables montañas que parecían acogernos en  un enorme abrazo.

Recibí una hermosa medalla y la noticia de que era el primero en mi categoría.
 Luego me quedé un rato mirando todo ese paisaje desbordado de verde en todas las tonalidades. Me quedé con mucha nostalgia, “o saudade” como dicen allá en Brasil, añoré seguir corriendo por esa impresionante geografía, necesitaba  20 días más para seguir conectado con todo aquello.
Me acordaba de esas interminables plantaciones de bananos, con sus estrechos senderos, o los árboles de naranjas silvestres que me habían regalado algo de hidratación cuando no quedaba nada en mi camel, los cebúes  pastando en equilibrio en esas empinadísimas faldas, los montes tupidos que apenas dejaba trotar, la greda que se abría paso de prepo  y que tanto nos había dificultado las trepadas, las piedras enormes como el Cerro de Montevideo, como Pedra do Baú, o la de Bauzinho o la de Ana Chata

Alguien alguna vez me preguntará:¿ por dónde has corrido??  Y diré que por muchos lugares increíbles,  pero  de  todos hubo uno que me cautivó, ese fue Sao Bento do Sapucaí.. Y haciendo alusión al nombre de esta serie de carreras, diré que una vez  en Brasil, fui por unas horas un Indomable a quien la montaña le permitió descubrir algunos de sus secretos.
He corrido por muchos lugares, pero confieso que nunca corrí por este tipo de naturaleza, cada lugar en el mundo tiene su magia, y no he parado de sorprenderme de todos los senderos por donde he transitado. Uno se hermana de tal forma con todo aquello que después resulta muy difícil volver a esta jungla de cemento donde todo es apresuramiento.  


Pero este no fue el fin de una carrera, no fue la llegada y nada más, fue el escalón de una larga escalera que comenzó hace un par de meses donde comenzamos a juntarnos con Andrés y Jorge para entrenar los fondos en el Cerro de Montevideo.
Ese pequeño cerro, que con sus escasos 130 mts, nos regala una preparación más que básica para pelearle a los casi 2000 mts que por lo general subimos varias veces en una competición. En dónde las carreras en el 90 % de los casos empiezan arriba de los 800 mts, y donde siempre jugamos de visitante.
Los finales redondos no son actos acabados por azar, son una suma de factores. Los amigos, la familia, el disfrute  que hay que encontrar en cada entrenamiento, la escucha del cuerpo, la disciplina, etc etc. En fin, en estos procesos se aprende y se crece conociendo y conociéndose a sí mismo. Es por eso que a veces pienso que correr es un proceso de aprendizaje y germinación personal, en donde hay muchas puertas que se abren casi sin pensar y donde uno al mirarse está adentro de lugares insospechados a los cuales nunca pensó llegar.





 Todo esto, poco tiene que ver con resultados negativos o positivos, nos puede ir mal o muy bien en una carrera, podemos ser el primero de muchos o el último de pocos, pero lo realmente valioso es poder  gozar la vida en cada senda que transitamos con quienes estamos bien y con quienes nos da gusto compartir la vida.


2 comentarios:

  1. Que lindo Pablo!!! Inflarse el pecho de esa manera en la llegada!!!
    Felicitaciones nuevamente.

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  2. Gracias David...fue una llegada lindísima realmente y el viaje estuvo increíble

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